Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 19 Mayo 2022 09:14
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© La niña de tus ojos - TODO SE PRECIPITÓ EN LOS SAUCES
1. Infancia

Nunca le he contado esto a nadie pero ahora voy a hacerlo. Vengo del entierro de mi madre y el recuerdo de su presencia, aún vivo, me motiva a ello. Está en su mecedora, ahí delante, escuchándome.

Todo se precipitó en Los Sauces, por culpas ajenas, sí, pero todo vale en el juego del destino, tú lo sabes, y no es cuestión de culpar a nadie porque, puestos a eso, echémonos una mirada a nuestro interior, ¿acaso tú no motivaste cambios en tu vida?, tú y tu afición a los hombres, tu forma de cambiarlo todo, quizás eran tus ojos extranjeros, tu carácter fuerte, fuerte pero perdido en una vida que no comprendías, que nunca comprendiste, tu vida y la mía, sí, porque la mía es lo que ahora queda, lo que todos hemos hecho de mí, cuando pasé de Marta Bremmer a Marta Albaricio cambió mi vida pero no mi identidad más íntima, ¿recuerdas tu precipitada boda en aquella iglesia cristiana en Estrasburgo?, yo no lo he olvidado, aún era una niña cuando conociste a papá, cuando os casásteis, cuando nos fuimos a vivir a España, a la ciudad del señor Albaricio, de papá, era una niña pero no lo he olvidado, tampoco he olvidado a Carla, ¿cómo olvidarla?, la pequeña Carla, que nació en España de vuestra unión, de papá y tú, cuando aún estábais unidos, nunca hubo una sola diferencia entre mi hermana y yo, ya sabes cómo nos queríamos, la diferencia de edad fue más una ayuda que un inconveniente, la pequeña Carla, siempre fue la pequeña, la alegría de todo lo que la rodeaba, y en definitiva un juguete más de la maldición que nos envolvió en Los Sauces, ella siempre creyó que papá era el padre de las dos, por mi parte, yo sólo lo recuerdo a él, al señor y la señora Albaricio, las señoras Albaricio que ahora somos, ¿no es curioso cómo se tuerce todo?, la vida tiene una maligna ironía, sufrir y sufrir, pocas cosas más hemos hecho, sufrir tú, porque tú también sufrías, no creas que no lo notaba, oía vuestras peleas y sabía que en lo más profundo de vuestros corazones ya no os queríais como antes, como cuando nació Carla, al principio creía que eran los negocios de papá, todo el dia fuera, tus viajes a aquellos lugares de reposo, siempre con tus niñas, Marta y Carla, una en cada mano, la cabecita de Carla apenas llegaba a los mostradores de hoteles y balnearios, se pasaba dias en las piscinas, en pistas de hielo, en el esgrima, montando ponies, toda una lujosa felicidad para una niña perfecta, pero yo sabía de qué iba la perfección de nuestra familia, a mí me aburrían aquellos viajes, lo sabes, leía y paseaba, y también veía, escuchaba, comprendía vuestros motivos, tus salidas nocturnas y tus chicas canguro contratadas, veía los taxis que te llevaban y te traían, y papá en la ciudad con sus negocios, o acostándose con otra mujer, claro, daba igual, nadie lo veía, no se notaba, pero una hija sí lo nota, vuestra separación constante y provocada, sé que todo lo hacíais por nosotras, por las dos hijas perfectas, guardábais las apariencias, creo que ya entonces era consciente de ello y quizás por eso no decía nada, siempre seguí vuestro juego, fuera tu amante quien fuera, acepté todas vuestras tramas, todos los viajes y todos los destinos, no me opuse a nuestro traslado a Los Sauces, nada dije al embalar mis cosas de adolescente, al dejar los rincones llenos de recuerdos, ya estaba acostumbrada a trasladar los recuerdos de un rincón a otro, de una puerta a otra, en cuanto llegamos supe que mis recuerdos impregnarían todo aquel nuevo mundo, en cierto modo presentí que aquel era nuestro último destino, me lo dijo aquel camino de tierra, una hoja deslizándose por el suelo, aquel viento...

2. Viento

El tío Pedro y papá parecían gemelos, después de atravesar el pueblo llegamos a la verja que se abría al camino de tierra y él estaba allí para recibirnos, tú te quedaste en la ciudad y no viste el efusivo abrazo de los dos hermanos, don Pedro nos cundujo hasta la entrada de la casa grande, aparcamos el coche junto al quitavientos del jardín, aquel por el que trepábamos Carla y yo a menudo, recuerdo como me impactó el lujo que inundaba toda la casa, yo había visto pocas veces un terreno de campo abierto tan grande, las praderas, los cerros, los torrentes de aguas cristalinas, todo propiedad del tío Pedro, don Pedro Albaricio, dueño de la finca de Los Sauces, hombre que dió trabajo a medio pueblo, odiado y amado a partes iguales, yo lo admiraba como admiré a papá, por su bondad y sencillez, todo aquello era impactante para una adolescente que había vivido siempre en ciudades, pero incluso yo sentí desde el principio que algo extraño sucedía en aquel lugar, la ausencia de árboles y de cultivos, todas aquellas tierras abandonadas al transcurrir del tiempo, todo maleza y campos yermos, y aquellas enormes construcciones metálicas junto a cada casa y cada pozo, sobre cada cerro, el tío Pedro me explicó lo de los quitavientos, que aquello servía para parar los fuertes vientos que azotaban por allí, papá me advertía y me instaba a la prudencia con el viento, ni siquiera me dejaba salir de los límites de la finca y apenas si podía salir de la casa grande, pero eso cambió cuando viniste tú y él se marchó a la ciudad, de nuevo estábamos las tres juntas, aunque esta vez no se trataba de un viaje de reposo ni de una escapada ocasional, esta vez era para siempre, tú pasabas los días en el pueblo, con tu amante, y Carla y yo escapábamos de la vigilancia del tío Pedro y recorríamos los campos y explorábamos el terreno, fue por entonces cuando conocí a Antón, el chico que vivía en el pueblo, con los pobres, con las familias pobres que una vez trabajaron para el tío Pedro, allí fue donde conocí la verdadera vida de aquel pueblo y su gente miserable, pasaba tardes enteras con Antón, me enseñó lugares secretos y me presentó a sus escasos familiares y amigos, allí conocí a la vieja bruja y a su nieta, aquella muchacha de mi edad que una vez vi en la casa grande, en la cama con el tío Pedro, recuerdas a la vieja bruja ¿verdad?, sí, seguro que sí, yo no he olvidado aquella tarde en la que te vi hablando con ella, consultándole algo, seguramente algo relacionado con tu vida sentimental, fue después de que papá y tú os divorciáseis, papá ni siquiera vino a vernos y Carla y yo quedamos desoladas, tu estado de ánimo se sumió en una sombría tristeza, no sé qué pasó con tu amante, quién dejó a quién, pero el caso es que te recluíste en Los Sauces y te quedaste sin un hombre que meter en tu cama, eran pocas las veces que bajabas al pueblo pero Antón me dijo que siempre que lo hacías era para ver a la bruja, yo también hablé con ella alguna vez, parece que le caía bien, me dijo que no me preocupara por el viento, me dijo exactamente que el viento soplaba a mi favor, yo me sentía perdida en un mar de dudas y misterios, en mis visitas al pueblo había descubierto que el viento no soplaba allí con la fuerza demoledora con la que lo hacía en Los Sauces, algo para lo que el tío Pedro nunca tuvo una explicación, allí crecían sauces y robles, castaños y eucaliptos, había plantas de muchas clases y cultivos que alimentaban a las gentes, no como en Los Sauces, donde cualquier cosa que no estuviese protegida era arrasada de inmediato por aquel viento que parecía nacido de los infiernos, como lo de la pequeña Carla, no tuve tiempo de hacer nada, el golpe de viento la sorprendió en el barranco de la casa chica, yo bajaba hacia el río cuando escuché el grito, miré hacia el cerro y Carla no estaba, parte del tejado de la casa volaba por los aires, y cuando me asomé al barranco fue cuando lo vi, el cuerpo sin vida de mi hermana, arrojado al vacío por aquella extraña fuerza que más parecía provocada por algún tipo de magia que por la naturaleza, y lo peor fue la visión de aquel perro negro alejándose con aquello en la boca, fue algo tan horrible que nunca llegué a superarlo, el cuerpo decapitado de Carla, aquel perro negro llevándose su cabeza como un trofeo, corrí y corrí hasta la casa, pisando fuerte sobre las tierras valdías, con las palabras de la bruja en mi cabeza, ¿a mi favor?, y tuve la sensación de que, en efecto, aquel viento que siempre soplaba en Los Sauces debía ser un asunto de magia...

3. Magia

La penúltima vez que vi a papá fue en el entierro de Carla, la última ha sido hoy mismo, en el tuyo, y hablo del único al que siempre llamé papá, no de tus amantes o maridos, cuando te casaste con el tío Pedro él siguió siendo para mí el tío Pedro, tampoco para los demás fue un gran cambio, ni siquiera cambiaba el apellido, el señor Albaricio continuaba, aunque en la figura de su hermano, del hermano de papá, después de la muerte de Carla visitaste a la bruja con más frecuencia, yo te seguía y conocía la influencia que sus palabras ejercían sobre ti, sobre mí también la habían ejercido alguna vez, cuando encontramos al tío Pedro ahorcado comprendí, o supe de algún modo, que tu decisión de casarte con él no podía provenir más que de la bruja, y que su nieta, aquella muchacha que también murió después de verla con mis propios ojos en la cama del tío Pedro, no era sino la mensajera del diablo, la portadora del mal, la que infectó con la muerte al tío Pedro, aquella enfermedad venérea que te mató a ti también, mamá, y en aquel momento odié a la vieja bruja, pero una tarde le comenté a Antón las horrendas circunstancias de la muerte de Carla y él me contó lo que el tío Pedro siempre calló, el principio del viento, antes de nuestra llegada a Los Sauces, cuando otra nieta de la bruja murió decapitada por uno de los perros del tío Pedro, un perro grande y negro, igual que el que yo vi aquella tarde nefasta en el cerro de la casa chica, y en aquel momento temí a la bruja, después del suicidio del tío Pedro el viento cesó y tú te quedaste con la propiedad de la finca, la cual comenzó a prosperar con los cultivos que crecían a salvo ya de la devastación, pero esta situación no duró mucho, la enfermedad te deterioró rápidamente hasta la muerte, la misma enfermedad que hizo que el tío Pedro, sabiendo que la padecía, diera fin a su vida, ahora soy yo la nueva propietaria de Los Sauces, ahora la que continúa es la señora Albaricio, aunque en mi persona, en tu hija, Marta Albaricio, ¿no es curioso cómo se tuerce todo?, y ahora me pregunto si hubo algo concreto que detonara la sucesión de los acontecimientos, si la vida que me tocó fue determinada por algo, me pregunto si fue el odio, el amor o la venganza, si todo estaba dispuesto desde mi infancia o si todo fue cuestión de magia, porque todo se precipitó en Los Sauces, ¿verdad señora Albaricio?, ¿verdad mamá? Lo presentí desde que pisé por primera vez ese camino de tierra, las hojas deslizándose por el suelo, aquel viento...

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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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