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© Sap - EL CHIVO
(Navytale 06)


Recién llegados de la ciudad, los dos niños se encontraron en el patio trasero con la sorpresa viva de un chivo. Vida rebullente que alzaba medio metro del suelo.


-¡Que no se coma las macetas!- fue lo que les advirtió el señor Julián, el dueño de la casa, el hombre al que también llamaban Jondere. Luego sonrió al padre de los niños y desapareció por una puerta frotándose las manos.


El chivo emprendía carreras para de pronto detenerse distraído por el vuelo de un moscardón. O atolondrado, como un niño más, balaba entrecerrando sus ojos amarillos desentendiéndose del juego. En el cielo, en uno de esos cielos de diciembre que se pintan sin mezcla, tomando la pintura directa del tubo, el sol era una bolita de mercurio incapaz de calentar nada.


Los niños, sin costumbre, trataban al chivo como a un cachorro de perro. Se entrecruzaban, lo jaleaban para que embistiera, excitados por el troctroc de las pezuñas que sobre el cemento sonaban como pequeños trozos de madera hendida. Sofocados, el animal alcanzaba a darles blandos topetazos con sus cuernos recién nacidos, componiendo todo una de esas escenas de "joie de vivre". Bajo la tierra de los arriates, en su mundo ciego, las lombrices no detenían por un momento su trabajo de zapa.


El padre de los niños, desde el umbral en sombras, sacaba a ratos un pañuelo de papel del bolsillo para secarse la nariz roja. Del interior salía ruido de cacharros y al rato, la figura de albóndiga de la señora Rosa, la mujer del señor Julián. Nerviosa, desplazándose como una esfera, se comió a besos sonoros a los niños tomando las caras vueltas con sus manos ásperas. La señora Rosa repetía dos veces la misma frase para asegurarse de que la entendían.


-¡Ay qué niños más guapos! ¡Ay qué niños más guapos! A ver a la abuela, ¿no? A ver a la abuela, ¿no? Os gusta el chivito, ¿verdad? Os gusta el chivito, ¿verdad?


Los niños, en cuanto escaparon de la señora Rosa volvieron a los correteos y a los gritos. Cuando el chivo intentaba mordisquear los geranios, le reñían como si fuera un gato con la aprobación escandalosa de la mujer. Luego arrancaban hierbas bajo la higuera y se las acercaban al hocico. A la vez, las hojas caídas del roble melojo eran devoradas por los insectos y la señora Rosa contemplaba el juego con las manos en sus caderas rotundas.


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fw
06/02/2021 19:36
gracias por los besos. cuidáos mucho. un abrazo

fw
06/02/2021 19:36
aquí seguimos, Mar. sin armar escándalos :-D

Mar
21/01/2021 17:29
Y que os he dejado un poemilla en el Olvidado Jardín. Besos

Mar
21/01/2021 17:24
Holaaaaaa!!! He vuelto a la casa abandonada ¿Hay alguien? Solo vengo a dejaros abrazos imposibles. y

Mar
10/01/2019 12:34
Otro Año, otras vidas... Os deseo a todos que sea Feliiz y que tengamos Salud y Trabajo. Todo con mayúsculas. Y abrazos a capazos.

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