© Demasiado amor
Publicado por fw el Julio 22 2008 17:21:34
Me levanto sin ganas de luchar. No tengo ganas de hacer nada. La vida me ha tratado muy mal: me han dejado todas las novias que he tenido; en el trabajo me dicen que tengo que ir a trabajar los fines de semana: bueno, lo dicen los bancos y mi madre, que es una señora de los pies a la cabeza porque lleva trabajando desde los trece años, y a la que se le queda prendida una sonrisa si le aprietas las carnes maternas.

Ahora a ella y a el viejo les quieren quitar un millón y medio de las antiguas pesetas, porque a la Madre se le ocurrió resbalar en una escalera tonta, cosa que hizo enfadar mucho a mi padre, provocándole una iracunda sensación de buscar justicia para el necesitado.

Mi madre piensa que el acto en cuestión había sido por materialismo, aunque no es eso lo que me dicen los ojos de mi padre cuando le descubro mirándola por debajo de la costura rabiosa de los años.

El caso es que yo me levanto sin ganas de luchar porque llevo tantas añadas viendo cosas que ya sé como va todo, o mejor, como debe de ir, porque yo quiero ser feliz y, además me lo merezco, como todo el mundo.

Voy a mirar por lo que me tiene que ocurrir y a luchar por ello. No hay más. No voy a dejar a mi novia porque ahora no la tengo, pero si la tuviera la dejaría, aunque primero lo planearía; ¡ya está bien de ir de idiota por la vida!, ahora soy yo y tengo ganas de mí. No hay que olvidar que nacemos, vivimos y alcanzamos la muerte en soledad.

Ya no quiero nada que no salga de mí. No como antes, que muchas cosas dependían de la gente que me rodeaba. Cómo cuando creía que amaba a mi pareja o que quería a mis amigos. Todo es una falacia, y claro que hay cosas que me importan y me importarán, pero siempre después de mí.

Parece prepotencia pero sólo es una realidad constatada a lo largo de una vida plena en emociones y entrega hacia los demás: ¡yo he sido la ostia de solidario!



Recuerdo que me hice insumiso con la intención oculta de provocar en la gente su admiración por gesto tan noble. Me veía entre rejas escribiendo canciones de esperanza para los presos porque, creía, que en toda vida se componen historias de letras ambiguas que no siempre responden a nuestras necesidades, pero que pueden permitir intercambiar algún que otro inamovible vital. ¿¡Qué ingenuo, verdad!?

Sí, me siento entendido; no por todo el mundo por supuesto, pero me siento bastante en la onda: la cosa funciona así.

Tengo claros mis conceptos, aunque me equivoque, porque me equivoco como cualquiera, de hecho no tengo un concepto tan alto de mí como puede parecer: yo también tengo dudas, pero lo importante es estar bien con uno mismo, y ése es ahora mi camino.

Los conceptos..., decía Voltaire que para entendernos primero hay que aclarar si se produce una comprensión mutua del significado interior de las palabras utilizadas y, como lo dijo Voltaire, entiendo que dijo eso. De todas formas éste tipo era un soñador porque también dijo algo así: detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo.

¡Qué se lo digan a mi jefe! El tipo quiere que trabaje toda la semana por novecientos de los nuevos euros y con las pagas prorrateadas, porque dice que si no Telefónica le puede quitar el curro y que, entonces, qué les va a dar a su mujer y a sus hijos; que tiene que pagar la hipoteca, la guardería de la pequeña, el monovolumen, los seguros de los empleados, las nóminas, hacienda.....¡Todo son gastos!

Yo le entiendo, en todos los cazos cuecen habas y haré lo que pueda. De momento trabajo el domingo aunque esto no va a quedar así.



Pero yo tengo otro problema: ser feliz. Tengo que luchar por mi felicidad y adaptarme a lo que venga, sobre todo a lo que pueda venir, porque mientras todo vaya bien el presente es lo primero, pero si el hoy se hace duro a otra cosa mariposa. Digo yo.

Es difícil mantener una posición, un estatus social, sea el que sea, por eso a los pobres y a los ricos les cuesta mantener el suyo. A cada uno por igual.

Sería caer en la demagogia decir que todos somos iguales, pero la vida es así.

La crueldad es algo inherente al ser humano, nos diferencia como especie y nos ha llevado a ser la especie predominante en la tierra.

A mí me gusta el dolor. Hace poco encontré a mi amor en un soplo de brisa y estuve persiguiéndolo cinco años. Al final, se deslizó por un barranco mientras me saludaba al alejarse. No se lo reprocho. Hizo muy bien.

Ella quería que yo supiera lo que es buscar la felicidad en uno mismo, y aunque al principio doliera, recogería los frutos al encontrarme conmigo mismo: en el silencio ensordecedor de la razón más pura.

Y tenía razón, por fin sé que lo importante soy yo y, de verdad que lo siento por mis padres y por la gente a la que le debo dinero. Haré todo lo que pueda por no molestaros, pero soy como soy, entendedme. Y sino queréis hacerlo me va a dar igual porque yo pienso como pienso: soy como soy. A las personas no se las puede cambiar si ellas no quieren.

¡He sufrido tanto! ¡Y por tantas cosas! Recuerdo los dolores del mundo en las imágenes de los caminos de Iberia; no me gustaba ponerle banderas a los pasos, por que, para mí, romántico de mí, eso era la vida: andar por los campos sembrados y secos de estas tierras de cielos preciosos. Miraba a la luna de las Españas con ojos universales porque por aquí nació Lorca y lo mismo me tocaba algo.

¡Yo era un llorón! La gente va a lo suyo y, además, es lo que tienen que hacer porque hay que alcanzar la felicidad al precio que sea, lo importante eres tú y tus circunstancias porque así, estando bien, es como podrás ayudar a los demás: así qué, a todos los deprimidos del mundo que les den por el culo porque su tiempo ha pasado. Existen los psicólogos, el yoga, la meditación, los estudios, la familia, los hobbies, el perro, el gato, el éxito, la solidaridad, las drogas, la música: estamos cubiertos, no hace falta pensar demasiado.