© Lilit (Noche de Reyes)
Publicado por fw el Julio 22 2008 17:14:27
“El Alfabeto de Ben Siráh, escrito en los siglos IX o X en Persia, podría ser considerado la primer fuente de información para aceptar a Lilit como la primera mujer de Adán” – Esther Cohen – Ensayos sobre Cábala.

- Y decime, vos que siempre sabés todo... ¿ Cuál fue la primer mujer de Adán? Te estoy hablando del Adán que rajaron del paraíso, por supuesto.

- ¿Quién querés que sea? ¡Eva, boludo! ¿O se te ocurre acaso que pudo ser tu tía Raquel, que tiene más años que Matusalén?

Jaime, Raúl y yo en la casa de Jaime y Raúl, y Ballantine’s Finest Scotch Whisky compartiendo con nosotros esa Noche de Reyes, solos los tres porque los padres de ellos viajaron a Tel Aviv para presenciar el casamiento de una sobrina de Don Jaime (el presupuesto no daba para llevar también a los hijos), y mis viejos más cerca, en las Sierras de Córdoba, porque la Empresa en la que papá trabaja decidió que sus vacaciones debían ser en enero, y yo a los veinte años no estaba para veranear con ellos y mi hermanita Lucía, que recién cumplió los catorce.

Pero esa mujer, esa figura en la noche, surgiendo de algún lado cuando yo comenzaba a caminar la vereda de la plaza sin animarme a atravesarla a pesar de que me ahorraba algunos metros de camino, esa mujer mientras la llovizna finita casi invisible, y más allá de ella un alto edificio de departamentos con algunas ventanas aún iluminadas, en los que habría, sin duda, chicos despiertos esperando descubrir a los camellos.

- ¡ Perdiste, perdiste, perdiste! Estuve leyendo uno de los libros de mi viejo que habla de la Cábala, y allí dice con todas las letras que la que inauguró en el paraíso la costumbre de coger fue Lilit, hecha de barro igual que Adán, y muy hermosa, mucho más de lo que hicieron a Eva después, un budinazo bah, el primero que existió.

Me molestó la risa de Jaime, la risa Ballantine’s de Jaime porque no solamente libros antiguos guardaba en la biblioteca Don Jaime, y no solamente esos libros exploraba cada tanto su hijo, aunque ignoro si antes, alguna vez, se atrevió a abrir una botella de bebida importada, de la que ya habíamos disminuido en un tercio su contenido original.

- ¿ Y si era tan linda, como es que desapareció totalmente de la vista y de la historia? Porque por lo menos yo nunca la había oído nombrar. Además ninguna mina con ese nombre aparece cuando la Biblia habla del Génesis, ni que yo sepa tampoco figura en la Torah, que aunque no soy judío la leí casi completa.

- Callate goy, y aprendé, que según padre algunas cosas las borraron para que el vulgo no se escandalice, de nuestros libros y de los tuyos también. Lilit se las tomó del paraíso porque fue la primer feminista, como se creía con igual categoría que Adán quiso hacer el amor estando ella arriba, pero el pelotudo se plantó en que él era muy macho, y que Dios ordenaba que la única posición debía ser la clásica.



- ¡Y la mina lo mandó a la mierda! ¡ Grande Lilit, así me gustan las mujeres a mí!

Ahora era Raúl el que reía, una risa aguda, casi femenina, que a veces me crispaba los nervios, me hacía sentir deseos de pegarle. No lo hice, en cambio volví a echar otro poco de whisky en mi vaso que ya estaba vacío.

- Eh, no te sirvas vos solo, nosotros también queremos festejar.

La mujer detuvo sus pasos, estaba a veinte metros de mí, yo también me detuve, la miré, la mala luz de los faroles de la plaza y la llovizna que en ese momento se hizo más intensa no permitían distinguirla claramente, al menos distinguir su rostro.

Pero llevaba un impermeable oscuro que casi llegaba hasta el suelo y sus cabellos, muy largos, parecían ser oscuros también.

- Ahora tené en cuenta una cosa – Jaime me apuntaba con el dedo índice de su mano derecha, noté que un poco temblaba esa mano – Si de veras Lilit se fue por eso, no le dio a Jehová oportunidad de castigarla por ninguna falta cometida, y como también nació antes de que Adán y Eva coman la manzana, está libre del pecado original, por lo tanto no puede morir ni envejecer

- ¡ Genial, viejo, genial, una mujer de cinco mil años por lo menos que sigue siendo un minón! ¿No te parece fabuloso?

Otra vez la risa aguda de Raúl, otra vez deseos de pegarle, otra vez opté por recurrir a Ballantine´s.

Me sorprendieron la firmeza de sus pasos al acercarse, la aspereza de su mano al pasarla lentamente por mi cara, la ronquera de su voz casi masculina que contrastaba con la juventud y belleza de su rostro, con la intensidad casi luminosa de sus ojos muy negros.

- Un hombre me ha rechazado y quiero vengarme, hoy vos serás mi venganza, si es que tenés bien puesto el corazón y te atrevés a serlo.

- ¿Y que otra cosa leíste respecto a esa... Lilit?



- No estoy seguro de haberlo entendido muy bien, el libro está en francés y me cuesta leer en ese idioma, sin contar que la redacción misma resulta confusa, pero por lo que parece tiene mucho que ver con lo prohibido y el sexo, algo así como mezclar lo tanático con Eros. Y si no traduje mal afirma también que ella vive en unas cavernas que están el diablo sabe donde.

- Si te interesa cuando vuelva papá podés preguntarle, pero no le contés que Jaime anduvo espiando su biblioteca privada.

- A lo mejor hasta conseguís que te preste ese libro, sabés lo mucho que te aprecia. Mientras tanto propongo otro brindis, a la salud de Lilit, y que siga cogiendo por los siglos de los siglos amén.

- Vamos a tu casa, podría invitarte a la mía, pero temo que no te sentirías muy cómodo allí.

¿ En que momento le dije que yo estaba solo, que mi familia veraneaba en las sierras de Córdoba? No pude, no puedo aún recordarlo, sin embargo ni por un instante me pasó por la mente la idea que podía ser una trampa, un truco para entrar y asaltarme, robar, asesinarme. Era demasiado hermosa esa mujer, brillaba como fuego lo negro de sus ojos, su mano había dejado de ser áspera apretando la mía.

Sus manos despojándome de la campera humedecida por la lluvia, su boca su lengua su lengua su lengua.

- Por qué no te quedás a dormir? Podemos ponerte un par de sábanas y una frazada en la cama de los viejos, porque con todo lo que tomaste no estoy seguro que seas capaz de llegar hasta tu casa, aunque vivís a pocas cuadras de aquí.

¿ Por qué no les dije que sí? ¿Por qué no pude aceptar su ofrecimiento y quedarme esa noche en la cama de Don Jaime y doña Rosa? Me despedí de ellos con un comentario que quiso ser humorístico, y que algo tenía que ver con Adám Kadmon (según la cábala el primer hombre, como para demostrar que yo también había leído), Eva, Lilit, y el paraíso (un ménage a trois, como para subrayar que también conozco el francés).

Resistí la tentación de un último saludo a Ballantine’s (quedaba muy poco ya en la botella), al salir a la calle cerré hasta el cuello la campera porque había comenzado a lloviznar.

Yo de rodillas, mi boca en el sexo de ella, antes había temido que no, no poder, porque el whisky, porque el alcohol exacerba el deseo pero impide saciarlo, era húmedo era tibio era dulce su sexo, yo envuelto en una nube en un sueño un sopor que no tenía nada que ver con Ballantine’s, hasta que ella en el centro de un grito gemido maullido me alzó hasta su altura, me besó largamente en la boca que la había besado.



- En todo caso, si dentro de un rato estamos despiertos, te llamamos por teléfono para asegurarnos que llegaste bien.

- No vale la pena, no estoy tan en curda y son cinco cuadras nada más.

Mis manos aferrando su busto mientras ella (jamás me dijo su nombre, no lo pregunté tampoco) cabalgaba salvaje, sus ojos brillando en la penumbra de mi cuarto como los ojos de un gato iluminados en la noche por los faros de un auto, pronunciando palabras en un idioma que yo no comprendía (si es que eran acaso palabras y no simplemente sonidos), su mirada (me pareció en un momento, en un instante en que cesó la cabalgata para reiniciarse después más lentamente) fija en el trozo de cielo que alcanzaba a divisarse a través de mi ventana, porque no había alcanzado a bajar la persiana.

Y sentirme morir, resucitar, volver a hundirme en la muerte, la nada, su sexo que no sé en que momento besé nuevamente, hasta que un remolino me arrastró hacia un abismo que ignoro si acaso existía.

- Hola, por fin atendiste, nos tenías preocupados, desde que nos despertamos no dejamos de llamarte cada quince o veinte minutos.

El espejo del living me devolvió mi figura desnuda, el antiguo reloj de pared me informó que habían pasado largamente las dos de la tarde, las ropas que había vestido el día anterior estaban sobre una silla prolijamente dobladas, mientras la campera se había acabado de secar en el respaldo.

Creo que contesté que no escuché los llamados, que no estaba acostumbrado a beber tanto, sin esperar la respuesta de Jaime colgué el aparato y miré alrededor, como si estuviera sonámbulo, con los párpados pesados de sueño todavía, muy lentamente recorrí el departamento, todo estaba en su sitio habitual, nada había cambiado, nada había sucedido, quizás.

jueves, 25 de septiembre de 2003