© José Puentes - Ella iba delante
Publicado por fw el Abril 28 2011 14:58:14
Ella iba delante sin forzar el paso; o acaso sí para no dejarlo demasiado atrás. Era rubicunda y regordeta. La piel muy blanca y unos mofletes encarnados adornaban su rostro. Era una de esas mujeres maduras de mi tierra que parecen haber salido a descansar al sol después de ensayar como walkirias en los Nibelungos o quizá recién llegadas de Suavia a invadir Galicia.

Tras unas semanas de clima invernal la tarde calurosa invitaba a pasear por aquella acera que rodea el jardín lleno de flores.

Él la seguía a unos metros de distancia. La cabeza erguida y el pecho hacia afuera, orgulloso. Manco y con la cuenca de un ojo vacía, su pelo era de un blanco con mechones rubios que revelaba su vejez, pero todavía era vigoroso y brillante. Caminaba con esfuerzo, con un leve balanceo de derecha a izquierda y su mirada fija en ella. Me atrevería a jurar que había alegría en aquel corazón. Había alegría y coraje. Coraje de quien perdió la diestra en una batalla, quedó tuerto en otra y ahora lleva sus carencias como medallas de honor.

Tengo visto a más de uno en parecidas circunstancias. Hundidos por el peso de los años, tristes por su mutilación, atemorizados ante la vida que se les escapa... Y también he escuchado los comentarios de la gente al verlos pasar: para vivir de esa forma más vale estar muerto...; era mejor que le pusieran una inyección y dejase de sufrir...; pobre, no sé como no les da vergüenza tenerlo así...

Pero él marchaba feliz. Había amor en aquella mirada fija en la mujer y ella, de vez en cuando, se paraba, volvía la cabeza hacia atrás y con una voz dulce le animaba a seguir. El perro al ver sus ojos azules meneaba el rabo contento y seguía su marcha a trompicones sobre las tres patas que le quedaban más derecho si cabe, más ufano que antes.

Después de cruzarme con ellos me paré a cierta distancia contemplándolos y no pude menos que pensar que, si llegase a viejo, yo querría ser así. Cojo, manco, tuerto, machacado por la edad o por la enfermedad, me daba igual, pero alegre y orgulloso de seguir el paso amable y cariñoso de quien me quería y a quien yo adoraba.

© José Puentes
Mayo de 2000