© Azucena Paradox - Mi familia y otros animales (II)
Publicado por fw el Diciembre 11 2010 14:31:53
Mi familia y otros animales (II)

Mi hermana me había contado también cuando éramos dos crías una divertida historia que hacía alusión a otra real hembra de la familia, historia que le había sido referida por una nanny que entró al servicio de la casa desde el nacimiento de Margot. Al parecer, la bisabuela Dolores, una castellana de rompe y rasga, casada con un rico cacique de pueblo y con seis hijos, se enredó sin enmienda en la urdimbre de un representante de tejidos de Tarrasa, que había ido a parar por allí ofreciendo su género, y ni corta ni perezosa abandonó marido, hijos, casa y fortuna y se fugó con el desconocido, que era doce años menor que ella. Nadie la volvió a ver nunca más después de aquella noche en que una carreta clandestina la había arrancado de su cárcel dorada.

El bisabuelo, consumido por la rabia y la impotencia, no pudiendo creer que su mujer se escapase así, por las buenas, con un hombre más joven dejándole a él toda la responsabilidad de la casa, colocó como pudo a sus seis hijos en manos de diferentes hermanas, tías y cuñadas que se ofrecieron a educarlos a cambio de una alta remuneración, e inició una búsqueda desquiciante de la muy zorra, o más valdría decir una persecución, pues se volvía loco como un sabueso con cualquier pista vagamente intuida. Pero tras largos meses de perseguir fantasmas y viendo que no conseguía nada, se rindió y se hizo a la idea de que jamás la había conocido y que todo había sido un mal sueño.

El cura del pueblo, sin embargo, contradiciendo las virtudes de resignación y paciencia que se supone poseía, no se conformó, y contaba Margot tiesa de risa que ideó un tañido especial de campana, que no era el de bodas, funeral o catástrofe, uno distinto a todos, para llamarla puta a los cuatro vientos amparado por la reverberación del sonido. Cual secreto código masónico, la campana tañía cada tarde su insulto de forma implacable, manchando el aire de justificado rencor cristiano. Pu-tóón, pu-tóón, pu-tóón... la campana se oía en todos los pueblos de la comarca, trascendiendo incluso a otros concejos de la provincia cuando el cierzo ayudaba, y los habitantes de la zona evocaban así la historia de la fuga, aunque de forma dispar: los hombres con indiferencia, pensando que su mujer jamás podría hacer una cosa así: eso era algo propio de locas, y las mujeres con cierta envidia acrisolada por la resignación; está claro que ellas jamás podrían hacer una cosa así: eso era algo propio de personas insensatas y temerarias... Ay.


© Azucena Paradox
21sep2002