© gsmiga - El túnel
Publicado por fw el Febrero 07 2010 18:56:43
Américo y yo estábamos sentados en la terraza del Café Latino, en el cas co viejo de Orense. La tarde de julio se deslizaba cálida y silente, en medio de un ambiente de modorra.

Conversábamos despacio, repasando los años vividos, evocando anécdotas de los viejos amigos, muchos de ellos desaparecidos para siempre. Ningu no de los dos poníamos empeño en nuestras evocaciones, y nuestras frases discurrían sin el hilo conductor de las conversaciones apasionadas, por- que la edad calma todas las vehemencias.

De pronto pasó una chica preciosa. Bien formada y de cara atrayente, li gerita de ropa como pedía la estación. Seguramente se dirigía al encuen tro de sus amigas, o de algún acompañante para pasar la tarde en el río.

-La libertad de costumbres actual, tiene su mérito-sonrió pícaramente mi amigo, señalando con su mirada el festín visual que se nos ofrecía.

-No cabe duda, sobre todo por la desenvoltura airosa en que se desarro llan las relaciones entre ambos sexos.

-Si lo dices por lo que me malicio, también entonces se hacían las mis mas cosas que ahora.

-Ya, pero la función era más laboriosa. Existía una especie de recato, o pudor, que complicaba la tarea de acercamiento. Había menos...esponta neidad, si tú quieres...

-Hablarás por tí, pero no era tan cuesta arriba para todos.

-Desde luego que hablo por mí...y por otros muchos que prefieren callar.

-Había sus cosas, como las hay ahora. Y si conseguías que te quisieran, pues más o menos igual que hoy...

-No sé que decirte, porque no he tenido más que a mi mujer en toda mi vida.

-No se trata de eso.No todo el mundo se relacionaba para acabar en la iglesia.

-Hombre, si por bien es, tú te has casado dos veces. O sea que has recun cado lo tuyo...

-Sin embargo, con mi mujer actual...nunca pensé casarme.

-Pues parece que os lleváis muy bien.

-A pesar de eso...para mí durante mucho tiempo no fue más que una rela ción pasajera. Un amor de verano.

-Y sin embargo, acabaste con ella, y en cambio de Rocío te divorciaste, a pesar de ser el amor de tu vida.

-Nunca se sabe donde la tiene uno-mi amigo hizo un mohín despectivo-. Ja más pensé llegar a unirme a Alma. Símplemente creo que estaba allí, en el momento oportuno.

-Pues para sorpresa, lleváis décadas juntos...

-Y comenzamos muy mal. No pudo salir peor nuestro primer encuentro amoro so.

-¿A qué te refieres?

-Bueno, tú sabes que el primer encuentro amoroso es de capital importan cia...

-Pues...no te sigo.

-Ya sabes lo que decia Napoleón, sobre la lucha de hombre y mujer...que siempre termina cuerpo a cuerpo.

-Pues yo tenía entendido que había dicho que en el combate con la mujer, el partido más seguro era siempre la retirada...

-Se refería a otro tipo de "discusiones", y no a la relación amorosa.

-Si tú lo dices...Pero díme qué fue lo que salió mal con Alma.

-Llevábamos cierto tiempo tonteando, y una tarde como la de ahora, fui mos al río. Era la primera vez que la veía en todo su esplendor, y la verdad es que merecía la pena-los ojos de mi amigo revelaban un aspec to de lejanía evocadora.

-No me dirás que...¡zas!

-Estuvimos tumbados en la hierba, tratando de tomar el sol, pero quemaba demasiado. Y nos metimos en el agua. Empezamos a jugar, nos acaricia mos, nos besamos, y decidimos ir a un lugar más recóndito.

-Y pasó lo que pasó, claro...

-Lo que pasó es que llegó un momento en que decidió poner fín al juego. Y me pidió que nos fuésemos. Me dio la impresión de que estaba violen ta, pero no enojada. Tal que si tratase de cortar lo que se aproxima ba.

-Imagino que esa aventura le ocurrió a más de uno...

-Emprendimos el regreso a pie-siguió relatando Américo-con toda la calma del mundo. Y ella comenzó a hablar de cosas que aparentemente no tenían nada que ver con el "negocio" que había interrumpido hacía poco. Aludió a los sentimientos de las personas, a la comprensión, al amor que esti maba auténtico. Y yo no comprendía porqué me contaba todo aquello. En un momento, se aproximó a mí, y me pasó el brazo por el hombro con cama radería. Yo la tomé por la cintura, firme y cálida, y el deseo renació en mi interior. Habíamos llegado a un paraje llamado La Rabaza, justo donde comienza la entrada al túnel de la vía férrea Orense-Madrid. Un lugar solitario que se prestaba para reanudar nuestro encuentro amoro so. La convencí para que se viniese conmigo hasta la boca del túnel, y le rogué que me permitiese amarla. Poco a poco, la fuí llevando al inte rior del túnel, con la intención de disipar sus posibles recelos sobre ajenas miradas indiscretas.

-Pero...¿de verdad llevabas la intención de hacerlo en el túnel?

-Llevaba la intención de poseer a la mujer que me atraía. Y el túnel es suficientemente ancho, con arcenes que puedes usar llegado el caso-mi amigo hablaba serenamente, como si se refiriese a otro que hubiese co rrido la aventura que narraba-. Nos internamos bastante, porque ella, sin oponerse frontalmente, no parecía decidida, y yo creía que cuanto más dentro entrásemos, se aseguraría de la imposibilidad de cualquier vista indiscreta. Cuando la boca del túnel no era más que un círculo de luz, allá lejos, la abracé y la besé, y le pedí que me correspondiese. En silencio comenzó a besarme y acariciarme la cabeza, y...bueno, nos tumbamos a consumar nuestra pasión. Y cuando estábamos en el inicio del acoplamiento sentímos un estrepitoso vendaval sonoro, horrísono y tre mendo que se nos venía encima, al tiempo que un foco potentísimo ilumi naba el antro del túnel como el más brillante sol que imaginar pudiéra mos...Era el Shangai de las 10 que se encaminaba a la Estación Orense- Empalme, con el puntual "retraso" de la Renfe a su cita. Fue terrible, el humo nos sofocaba mientras entreveíamos los iluminados vagones, y el cálido aliento de los bujes recalentados de la locomotora anegaba nues tro interior...Apretados contra el hormigón armado de la pared, nos levantamos y echamos a correr siguiendo la estela del último vagón, en busca de un hálito de aire fresco que aliviase nuestros sofocados bofes. Al llegar afuera y recobrar el aliento, la miré pidiéndole perdón callada mente. La tomé de la mano y comencé a caminar-no podemos volver así- me dijo muy seria-¿por qué?-estoy desnuda-yo te veo igual, llevas el vestido puesto-estoy desnuda...por dentro-¿cómo?-mi bikini quedó en el túnel y tengo que cogerlo-vete a saber a donde fue a parar-no puedo vol ver sin el bikini a casa, ¿qué pensará mi madre?-no tienes necesidad de contarle nada-pero cuando eche la ropa a lavar lo echará en falta, ten go que volver y encontrarlo-dijo caminando hacia el túnel, decidida. Y fuimos, buscamos y encontramos el sujetador en medio de la vía, hecho un trapo, sucio y maloliente...de la braguita, nada de nada. Total, que regresó con el vestidito amarillo, corto y sin mangas que llevaba a la playa. Hicimos todo el camino en silencio, y mis pocas tentativas de hilvanar algunas frases no encontraron correspondencia. Al despedir la, intenté besarla en la boca, pero ella torció la cara y mi caricia tomó la virtualidad de un casto ósculo de hermano.

Américo calló, y quedó mirando fijamente al frente, con aspecto medita bundo, reconcentrado en su interior laberinto. Traté de avivar la lla ma...

-Y...¿qué pasó después?

-Después, apareció Rocío, la mujer que más quise en mi vida, y las cosas tomaron un giro diferente. Llegué a convencerme de que Alma me odiaría siempre...aunque luego aceptó compartir mi vida, increíblemente.

-¿Por qué increíblemente?

-Ya me dirás...un "meteysaca" interrumpido por el tren...El regreso a ca sa desbragada...Desastroso.

-Sin embargo...yo creo que Alma te quiso desde el principio...

-¿Tú crees?-el tono dubitativo de Américo me sacó de mis casillas. Aquél barbián no se enteraba de nada.

-Hombre, una mujer se mete contigo en un túnel a satisfacer vuestra mu tua pasión, se queda en traje de Eva...sin la hoja de parra; te encuen tra sólo, años después y se queda contigo. Está claro. ¿Nunca le pregun taste porqué se arrimó a tí?

-Sería porque le convino...como a mí arrimarme a ella...

-Tienes menos luces que una bicicleta. Por cierto, ¿nunca se os ocurrió recordar vuestra aventura?

-No...Mejor dicho, en cierta ocasión íntima, le pregunté si se acordaba de nuestro "debut" en el dichoso túnel.

-¿Qué respondió?

-Me miró impasible y dijo que yo tenía mucha imaginación...

-¡Ja, ja, ja! ¿Y tú no insististe en el recuerdo?

-Yo soy un caballero-sentenció Américo.