© Bubi - Artículo científico: Caballo ganador
Publicado por Mar el Julio 29 2008 10:28:49
Mi objetivo era conseguir dinero en las carreras y para ello pensé que la mejor forma de conseguirlo sería tener un caballo que ganara todas las competiciones. Por suerte, en el pueblo tengo un caballo, Platón, que a simple vista parece algo torpe y gordo, pero tiene la madera que yo andaba buscando: músculos. Sabía que donde hay músculos hay energía. Mis conocimientos científicos convertirían esa energía bruta en aceleración y velocidad. No soy un científico realmente, pero siempre he sentido una enorme curiosidad por todas las ciencias. Con tesón y mucho estudio, he conseguido convertir mi casa un gran laboratorio de física y química aunque, a ojos de mi mujer, sólo parezca un taller electro-mecánico con ínfulas de salón de belleza.

Para mí, la ciencia sólo sirve si tiene aplicaciones prácticas y aunque ya tengo muy adelantada una máquina para ganar en la ruleta, hoy no voy a hablar de ella, sino de mi último experimento para ganar las carreras de caballos. No tengo por costumbre hacer públicos los resultados de mis investigaciones, pero considero conveniente que este ensayo, por sus características, sea de general conocimiento de la comunidad científica a la que me dirijo.

Apunté a Platón para su primera carrera, que tuvo lugar el pasado sábado en el hipódromo de la Zarzuela. Yo mismo fui el jockey para esa competición, porque en mi caso, la velocidad no iba a ser resultado de la esbeltez del corcel y el poco peso del jinete, sino la combinación de fuerza del percherón con la inteligencia del jockey. Toda la tarde estuvo la gente riéndose de nosotros y tengo que admitir que no era para menos. Platón llevaba todo un pequeño laboratorio a cuestas, lo que me obligaba a ir sentado al final de la grupa para tener más a mano las distintas palancas, cables, frascos y la potente batería eléctrica, pieza clave de mi éxito, que coloqué enfrente de mí.

Mi idea era simple pero innovadora. La escasa corriente eléctrica de los músculos de Platón iba a multiplicarse exponencialmente con certeras descargas de la batería, al mismo tiempo que unas intravenosas inyectarían belladona y una mezcla de adrenalinas de galgo y jabalí. Creo que con esta fórmula he resuelto la ecuación de convertir pura energía en movimiento acelerado.



Normalmente, Platón es un caballo tranquilo, así que el sábado se mantuvo quieto y pastando mientras los otros caballos iban tomando posición en la salida. Llegado mi turno, lo coloqué en su caseta. Todo iba según lo planeado. Momentos antes de que se diera el pistoletazo de salida, preparé al lánguido Platón para el veloz Ferrari que iba a llegar a ser; empujé la palanquita que suelta una descarga moderada en sus órganos procreativos. Quizás di demasiada potencia, porque su miembro creció hasta casi tocar el suelo y, de pronto, empezó a montar la portezuela de salida. Estaba Platón en sus requiebros con la puerta cuando, afortunadamente, se abrieron todas las puertas y la carrera dio comienzo. Todos los caballos salieron antes que nosotros porque, al desaparecer la novia, Platón, desconcertado, no sabía dónde dirigirse ni qué hacer. Aproveché ese momento para inyectarle una dosis de belladona acompañada de una fuerte descarga en los testículos. Dimos un fuerte salto de cuatro metros y nos colocamos detrás de Paris Hilton, una yegua de muy buen ver a quien casi dimos alcance en un par de segundos. Aproveché para ofrecerle una dosis de adrenalina de jabalí, descargas en el bozal derecho, para que girara y la adelantara, mientras le soltaba unos gramos de cloruro de hidrógeno en sus fosas nasales para evitar que oliera a Paris Hilton.

Algunas veces la fuerza de la naturaleza es más fuerte que la química, y a pesar del lastre enorme que llevábamos por su quinta pata, que nos frenaba aerodinámicamente, Platón alcanzó a Paris Hilton y empezó a morderle el trasero, para agarrarla bien. En esas estábamos cuando Cassius Clay se nos acercó por la izquierda. Solté varias descargas y Platón relinchando se encaró a Clay. Le mordió en el cuello, provocando que se cayera al suelo con su jinete. Al llegar a la primera curva, Platón ya se había deshecho de toda la competencia, tres caballos más, que al parecer querían competir con Platón, quedaron tirados en la pista, con sus jinetes. Nos acercábamos a la recta final cuando Paris Hilton, enfurecida por los mordiscos saltó a la tribuna de espectadores. Platón la seguía, pero yo le di unas fuertes descargas a la izquierda del bozal como diciéndole "Déjala ahora, que tenemos que ganar. No estamos aquí para divertirnos, sigue la recta", pero Platón estaba demasiado salido y no escuchaba ni las descargas eléctricas, así que saltamos también entre los espectadores buscando a Paris.

La escabechina fue grande. Afortunadamente el seguro pagó los desperfectos. Aprovecho esta ocasión para dar mi más sentido pésame a los familiares de los veinte fallecidos. Humildemente creo que tengo que trabajar más intensamente en la aplicación práctica de la endrinas a semovientes mediante electroshocks.

Bubi.