Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 28 Octubre 2021 14:33
Navegación
las Ediciones
VSnail beta 1.0
Iniciar Sesión
Nombre de Usuario

Contraseña



¿Aún no eres Miembro?
Pulsa aquí para registrarte.

¿Has Olvidado tu Contraseña?
Pulsa aquí para solicitar una nueva contraseña.
Pergaminos
Sindicación
Foros Noticias
Textos Enlaces

Comunidad
Vecind(i)ario, segunda etapa | Humanidades | es.humhum.latura
Publica© jorfasán - Gir: whisky, trampas, honestidad a prueba de plomo
fw
Super Administrador

Avatar Usuario

Mensajes: 675
Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 01-04-2012 13:07
Nos pasábamos los álbumes como si fueran un mensaje codificado especialmente para nuestra incertidumbre, hecha de una mezcla poco recomendable de acné, totalitarismo ambiental e ilusión que tomaba la forma de sexo, para qué andarse con metáforas. Los fimaban Charlier y Gir, y lo protagonizaba un tipo amargado de nudillos rotos, con un careto clavado al narizotas del JP Belmondo y, hay que joderes, vestido de teniente yankee. Ahora ya sabemos todos que al rodar el cine más colonialista, el del western, los mejores directores sembraron sus imágenes hermosas y sus héroes de casi perfecta montura, de algunos guiños que superaban el blanco y negro con moralina. Así poblaron las grietas de un discurso triunfante de los perdedores de saloon con sus neuronas sumergidas en whisky infecto, algunos indios de mirada negra haciendo de mercenarios exploradores, de traidores no se sabe de qué bando, el chusco capataz adicto al látigo que se traicionaba justo en su propio final. Un clásico literario, juntar grandeza con la traición.

Pero fue Gir quien desarrolló un western que nos mostró cómo los grandes proyectos sólo se construyen derrotando a las personas una y otra vez. Y que esos secundarios estaban en nuestras calles, en nuestros recorridos, en nuestro espejo. Sólo había que fijarse. Los perdedores de saloon cuyo aspecto podíamos hermanar a los mendigos de la parroquia de los agustinos se hicieron dibujo y vida; algunos indios eran como los vagabundos agitanados de la plaza arriquibar; el chusco capataz era ese guardia urbano regordete y despojado de su ridículo uniforme que daba pitidos y manotazos frente el gobierno civil. Los galanes, sin galones, los balazos nos silbaban las orejas, pudimos saber que sabían nuestro nombre. Lo dicho sólo había que fijarse.

El joven Gir vió todos aquellos films sabiendo que ahí había mucho más que una de indios y vaqueros, una de un vaquero con alma de indio, Mike Blueberry. Fue un triunfo poder superar al joven, casi infantil, Tintín, por un perdedor que, aunque se libraba de casi todos los marrones, muerte incluída, e iba sumando cicatrices, amoríos aromatizados con agua de fuego, estancias intensas en todos los penales entre tejas y nuevo méjico. En el camino hacía aliados en todos los tascos donde las monedas trucadas perjudicaban a los más incautos, aunque sabía engañar a los que lanzaban al aire la doscaras, en cualquier partida de póker. Sus mejores historias parecían convencionales, comparados con otros jefazos del cómic que se afanaban en explorar algunas vanguardias pero los guiones de Charlier eran maquinarias precisas al servicio de un trazo que se fue haciendo más oscuro, complejo y espeso hasta que, como en sus historias, una buena pelea, un tiroteo de distracción, una voladura del caballo de hierro despejaba el paisaje.

Cuando has sido formado en tu sentimentalidad por el cine del oeste, sobre todo por el malo que era el que abundaba (u otro relato de buenos malos y justicierismo triunfant), las historias de Charlier y Giraud eran el bálsamo reconstitutivo de un pellejo que se había pasado demasiadas horas expuesto al desierto del celuloide. Y depués de curar las quemaduras esos tebeos servían para afilar la mirada ese proyecto de colonizar la incertidumbre que llaman vida. Poder distinguir a los borrachos autodestructivos de los que saben camuflarse en la maleza convencional, saber qué compromiso tienen tus exploradores de lo ignoto, traicionar las propias creencias bastante antes del final, coño, que hay que disfrutar un poco.

Posteriormente conocí a otro Giraud, a Moebius. Y me gustó enormemente su dibujo, su enloquecida series en metal hurlant y sus sorprendentes giros argumentales, remolinos sugerentes y circularidad argumental. A mi alrededor los elogios se multiplicaban hasta concederle casi una credencial metafísica. No me enloqueció. Como Moebius me resultaba un hermano mayor algo pasado de sustancias psicoactivas que perdía un poco el hilo y se quedaba sugiriendo, en mitad del camino, sin un final (dejándomelo a mí, será cabrón el tipejo) sin nitidez, sin una conclusión que poder arrojar a otros. Ya digo, un impresentable.

Evidentemente uno, el lector, el elector, no podia leer a Moebius como si fuera Gir. Eran casi creadores distintos. Se podía uno sumergir en sus historias pero donde antes había un viaje en montaña rusa en alguna inmensidad del medio Oeste, ahora la inmensidad cabía en las tonterías de Difool o en las voladas del mayor Grubert que no sabía uno si realmente llegaba a moverse en infinitos abisales o simplemente todo el universo acudía a él. Cualquier día me subo al altillo y bajo las historietas para burlarme de Moebius y esa manera tan esquiva de relatar, ay, las derrotas que cuando cabalgaba con Charlier tenían ese aroma familiar y picante de la vieja pólvora. Nuestro pestazo.

Pues eso quería contarles, oigan, que aprendí de Gir que el consuelo de las derrotas suele estar en poder contarlas, que cuando no estás interesado en el poder puedes estarlo en la palabra, en la historia, que -entonces- sólo has de transmitir un mensaje a los monos venideros: ya que vas a ser derrotado, disfruta de la pelea.

(dicen que Giraud murió el día 10, pero no hagan ni puto caso: en un rato, ahora que la polvareda se está acabando, surgirá una figura de los escombros -pa habernos matao dirá en francés, quizá en mejicano- se sacudirá el polvo de los pantalones con ese sombrero que sobrevive a todo, encontrará una colilla podrida pero utilizable en el bolsillo de su chaqueta, alguien se la prenderá y no tendrá más remedio que pagarle la media docena de whiskis que necesita para pasar este trago de la muerte).

--
© jorfasan
---------
fw adjunta la siguiente imagen:

http://www.vecindiario.es
Saltar al Foro: