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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© azx - Ella – El - Ello
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Publicado el 20-06-2013 23:08
Ella - El - Ello


Ella

Leire miraba por los cristales de los ventanales cerrados, protectores de la primavera fria de este año. Estaba de pie apoyada con el hombro en la pared y con los brazos cruzados.

- ¿Todavia no acabas? Te planchas hasta los vaqueros que van a estar arrugados dentro de un momento, y tampoco se nota. - Le dijo su madre suavemente mientras la abrazaba rodeandola por los hombros.

- A mis amigos les importa. Ellos se fijan en estas cosas.

Su madre noto en el tono de voz que Leire estaba en parte ausente: sin ver, sin oir, sin sentir. Algun pensamiento le tenía ocupada la mayor parte de la consciencia. Y la curiosidad y el interes por su hija le pudieron.

- ¿En que piensas?

- Acaban de dar la noticia de un nuevo caso de mujer maltratada. Tenia dos hijas y estaba embarazada de una tercera. El marido la culpaba de no darle un hijo varon.

- Ya ves, que imbecil. Se cree ese que las satisfacciones que dan los hijos dependen de si son niño o niña.

- Mi preocupacion no es esa. No me importan sus gustos, que tenga los que quiera. Lo importante para mi es que se podia haber evitado. Pienso en los años que llevara sufriendo, si cuando tuvo la segunda hija ya se lo echaba en cara. Y el disgusto cuando el ginecologo les revelo el sexo de la criatura. Su miedo cuando estaria sola con el. Todo ello sin motivo ni necesidad.

Julia acompaño a su hija en el silencio al no acabar de entender el sentido de sus palabras. Solo cuando termino de explicarlo alcanzo a comprenderlo.

- Nosotras, en el ADN que transmitimos, tenemos un cromosoma X. Los hombres, en el ADN de los espermatozoides que producen, tienen el cromosoma X en unos y el Y en otros. Si el espermatozoide que gana la carrera hasta el ovulo es X, se formara una niña y si es Y, sera un niño. Las posibilidades de tener hijos o hijas solo dependen de la cantidad de espermatozoides X o Y que fabrica cada hombre.

- Hija, cuanto sabes.

- Gracias a ti y papa por vuestros sacrificios.

La orgullosa madre se sintio feliz por la hija que tenia. Pero Leire estaba aun falta de un poco mas de desahogo y continuo hablando, interpretando el lamento.

- Años atrás, a algunas las decapitaron. Otras fueron repudiadas. Culpables sin culpa. Sabes la diferencia que hay, mama, de estar llorando en una habitacion, preocupada, sufriendo; a estar recostada en el sofa comiendose un helado, despues de saber que esperas la tercera hija, y a la mas minima queja decirle: si quieres podriamos hablar con el vecino del cuarto que tiene tres hijos.

Las dos se miraron, sonrieron, y retomaron la faena para acabar pronto, pues les gustaba encender el ordenador, escribir, ver lo que escribian los demas, en el canal de noticias al que estaban suscritas.

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El

La estancia, amplia, aunque un poco fria en invierno, estaba decorada con cuatro grandes cuadros, uno en cada una de las cuatro paredes. El techo, alto. La mesa, larga; suficiente para veintiocho personas comodamente sentadas. Junto a la chimenea, mas por costumbre que por necesidad, ya que en su hogar no habia fuego, un enorme galgo irlandes dormitaba ajeno a cuanto no era de su interes y en el no repercutia.

En los dos extremos de la mesa, el Marques y la Marquesa, esperaban en silencio. La Marquesa era joven, aunque el peinado y el vestido que exigia su posicion social la hacian aparentar varios años mas. El Marqués, mayor que ella, apenas podia sostener su cabeza levantada sobre la noble madera en la que apoyaba los brazos. Desde que habia enfermado su aspecto era deplorable, necesitando ayuda de sus criados para poder andar.

Por la unica puerta que daba acceso al lugar entro el mayordomo seguido de una cocinera, siempre supervisada por este, que sirvio en sus platos una sopa. Retirandose ambos después de la respetuosa reverencia.

- Esposo. esposo.

El marques, con los ojos cerrados e inmovil, parecia no escuchar. Sin embargo, el sonido del vino al acomodarse en su copa, despues de caer de la jarra, desperto su atencion y entreabrio sus ojos. Su mirada cansada mudo a ira impotente al ver que unas manos vertian el contenido de un pequeño frasco en su copa. Solo alcanzo a emitir un gemido.

"Estimado Duque. Os escribo solicitando vuestra protección pues temo que el Marques, a consecuencia de su enfermedad, haya quedado trastornado y temo por mi vida.
La Marquesa del marquesado."

El lacayo, presto y diligente, salio a cumplimentar las instrucciones recibidas. Y pasados dos dias.

- Mi querido Marques. me marcho mas contento al veros mejorar de vuestro estado de salud. Volvere en verano y a ver si entonces podemos salir de caza. Descansad.

Ya en el patio de armas del castillo, el Duque y la Marquesa se despedian.

- Mi joven y bella Marquesa, si que es claro el odio que aparece en sus ojos cada vez que os dirige la mirada. Todavia no puede hablar pero me preocupa lo que pueda pasar si recobra las fuerzas y vuelve a andar. Siempre ha sido mejor que yo en el manejo de la espada.

- Os lo suplico. disponed que dos de vuestros criados me trasladen a la corte junto a mi padre el Rey.

- Si es vuestro deseo asi sera. Mañana saldreis de viaje.

La Marquesa no tuvo la necesaria paciencia para esperar a ver el resultado del lento efecto del veneno en cada vaso de leche que le ofrecia a su marido por las noches. Y quiso acelerarlo aumentando la dosis en el vino de las comidas.

El Marqués acabo totalmente restablecido después de mucho tiempo sin ingerir otra cosa que la comida y bebida servidas en la misma cocina donde eran preparadas y que servian de alimento a todos los habitantes del castillo.

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Ello

En un lugar de la tierra de cuyo nombre no quiero acordarme, mientras recogia unas castañas del suelo, escuche a dos viajeros que habian hecho un alto en el camino y mientras descansaban sus caballerias en un claro del bosque charlaban confiadamente.

- No entiendo por que, si las cosas son tan claras como me las estas explicando, no se pone remedio a todos esos problemas.

- Querido amigo. Practicamente ya te puedo considerar como uno de nosotros. Aunque no han transcurrido los suficientes años para que llegues a alcanzar el conocimiento necesario que lleva a darse cuenta de la realidad sin necesidad de que otro te la explique. Mientras llega ese momento te dire algo para que medites y crezcas:

"Mis problemas están para resolverlos. Los problemas de los demas estan para disfrutarlos."

Me aleje del lugar en silencio, sin llegar a quebrar la mas pequeña rama del suelo. Parecia que andaba levitando sobre la hierba. Desde ese dia, siempre que puedo, busco la compañia de un buen libro.

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