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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© azx - NavyTale 2012 - Navytale
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 28-12-2012 23:00
Navytale

El suelo está seco y bastante lleno de hojas y ramas rotas por los monos que trepan y se persiguen de árbol en árbol, por las jirafas o los elefantes tan poco preocupados al comer por como dejan el suelo. En invierno, a estas horas, ya habría ensartado en la flecha algún pájaro que acompañara en el asado a las verduras. En lugar de andar me voy a sentar debajo de este árbol y esperaré a que se acerquen a mí cuando dejen de escuchar ruido.

Me divierte el cosquilleo de las hormigas sobre mis pies, buscando algo que llevarse al hormiguero o pasando en hilera de vuelta a casa, como si de subir una montaña se tratara. Y como siempre que encuentro algo pequeño no puedo dejar de acordarme de Pedro. Por cómo se preocupaba cuando veía que acercaba la cabeza para mirar: "Me están recogiendo gafas usadas. Cuando lleguen te probarás unas cuantas para elegir unas con las que puedas ver bien de cerca".

Hace ya tres años que se fue: "Tengo que volver a casa. Cada vez los mareos son más fuertes y el médico me ha dicho que debo hacerme unas pruebas en el hospital". Estaría bien encontrármelo en el poblado un día de nuevo. Por esta época de calor seco nos relataba la historia del nacimiento de Jesús. Los niños iban tras él y se sentaban debajo de un techado de paja para escucharle en silencio, sin parpadear.

No sé que habrá de verdad en lo que nos decía pero en el poblado, durante los años que vino, una vez a la semana, reinaba una sensación mágica que ni antes ni ahora percibimos.

En uno de sus libros había unas imágenes que tallamos en madera y pintamos con nuestros tintes para colocarlas dentro del hueco de una roca. Siguen estando allí y sin embargo apenas les hacemos caso, es como si hubieran perdido poder.

Desde que conocí a Pedro parezco otro. Me pregunto quién soy, me intereso por lo que no sé, por lo que otros necesitan. Nunca había razonado conmigo mismo. Nunca había sentido arrepentimiento como después de discutir con él porque se negaba a aceptar a una de mis hijas.

Ya se está acercando el sol a las montañas, regresaré a casa y mañana volveré a cazar o quizá vaya a pescar al río, no sé; lo decidiré esta noche mientras miramos al cielo por si vemos pasar la estrella.

© azx
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