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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Sebastián - MI COCHE (aquel coche)
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 13-06-2012 23:16
MI COCHE (aquel coche)

Al final lo contaré. Nada extraordinario. Pero ahí quedó.

Habré dicho alguna vez que ya me traje el permiso de conducir de Torrelavega, de aquellos tiempos. Pero coche no tenía. Me movía por otros medios, por tanto.

Un día, pasado mucho tiempo, parecía que las circunstancias me obligaban. Asesorado por un primo, adquirí un Renault 4L (su interés tal vez les lleve a preguntarse si era de segunda mano, y les diré que sí; pero recién pintado). Un compañero, dado a las simplificaciones filosóficas, me decía: "Es un tipo de coche que no hace ruido". Y era verdad.

Pregunté a mi primo si en la carretera -que por entonces no era autopista- no se podía ir tan despacio como uno quisiera. Me dijo que sí. Y es que me parecía lógico usar aquel vehículo para desplazarme, creo que al día siguiente, a una población donde en días fijados tenía cierta actividad (a Manacor, concretamente, que distaba unos 50 kilómetros). Buscamos un campo abierto y yo hice, bajo la inquieta mirada de mi primo y recordando viejos ejercicios, algunas idas y venidas.

Me acuerdo de la honesta circunspección con que aquel día miraba la carretera y el deslizarse del coche, despacio pero de modo inolvidable, sobre ella. Por extraño que pareciera, todo resultaba complaciente. Aunque cambió.

Se incorporaron a la marcha unos nuevos ruiditos para mí opacos, pero no carentes de interés. Y pronto tuve que darme cuenta de que no eran cualquier cosa, pues el coche entero los acusaba y dejaba ver que eran un real obstáculo para la misma marcha. Era una especie de tos profunda que en cualquier momento podía incluir el paro total. Yo apenas miraba la oscura perspectiva, me limitaba a temerla.

Pero llegué a destino. Pregunté por un taller, y allí fui. Recuerdo muy bien mi paso por unas calles estrechas y mi física impresión de conducir una gran carroza -una "catedral", pensé- a través de ellas. Fue un mecánico amable. Le expliqué "todo", y sonreía. Un par de horas después fui a recoger la máquina. El hombre me dijo, lo recuerdo, que había encontrado "agua en el carburador, nada". Sacó el coche y lo puso en buena posición para que yo retomara el mando...

De aquel tiempo -en realidad, un tiempo aislado- recuerdo que a veces me costaba meter el coche en el estrecho garaje de que disponía. Puesto a recordar, también viene a mi mente una especie de momento estelar, si quieren. Iniciaba yo el recorrido de un tramo de carretera conocido por sus muchas curvas y cambios de nivel. De pronto me di cuenta de que era adelantado por la moto de un guardia de tráfico, que pasó a circular delante de mí sin hacerme seña alguna. Luego me di cuenta de que llevaba otro guardia detrás. Comprendí que me acompañaban para allanar dificultades. Creo recordar que aquella actuación me gustó. No, no vayan a pensar que mi liviandad como conductor llegara a ser conocida. ¡Es que me había puesto, voluntariamente, la conocida "L"! Y eran otros tiempos.

© Sebastián
Editado por fw el 13-06-2012 23:19
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