Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 28 Octubre 2021 15:43
Navegación
las Ediciones
VSnail beta 1.0
Iniciar Sesión
Nombre de Usuario

Contraseña



¿Aún no eres Miembro?
Pulsa aquí para registrarte.

¿Has Olvidado tu Contraseña?
Pulsa aquí para solicitar una nueva contraseña.
Pergaminos
Sindicación
Foros Noticias
Textos Enlaces

Comunidad
Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© gsmiga - El fuego de la pasión.
fw
Super Administrador

Avatar Usuario

Mensajes: 675
Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 19-04-2012 23:01
El fuego de la pasión

Lo malo de la pasión es que no desaparece ni en la vejez. Por lo menos si es una vejez sana, que permite deleitarse aún con el placer de Venus en agradable compañía. Incluso llega tan lejos en algunos casos que el mismo Libro Santo nos habla de la hermosa doncella que "calentaba" el lecho al provecto Rey David. No alcanzamos a comprender si ese "calen tamiento" era simplemente una realidad, o más bien una figura retórica y sumamente elegante que desvelaba mayores empeños. Cada uno puede pen sar lo que desee al respecto. Pero eso sí, hay que ser rey para que una vasalla se ponga obsequiosa hasta tal extremo. Hagan la prueba y verán que no es exageración.

Lo que está claro es que el deseo permanece incluso después de huído el vigor. En la actualidad la farmacopea puede prolongar la actividad amo rosa hasta edades realmente "olímpicas" por su duración, que se asemeja a la de las divinidades del clasicismo. Pero aún en la antigüedad se ha cía todo lo posible para continuar "cabalgando" hasta el final. Ejem plos hay a porrillo, pero en plan doméstico tenemos el del Rey Católico, que ya viudo de Isabel I, casó con GERMANA DE FOIX, sobrina del monar ca francés y...pasó lo que pasó.

Ciertamente el cronista ya no colocaba en buen lugar al monarca con res pecto al fornicio..."Su magestad dábase a las mugeres sin reparo..." nos cuenta. Lo que de paso le valió un buen sopapo de Isabel, que se to maba las cosas del matrimonio muy en serio. Bueno, eso no era ninguna novedad, porque el príncipe aragonés ya aportó un hijo "bravo"-ilegíti mo-al matrimonio con la princesa castellana. Hijo que sería destinado a la Iglesia y llegaría a arzobispo, nada menos.

El caso es que una cosa es joder a caño libre-dicho sea con perdón-y otra muy distinta comprometerse. Algo a lo que no todos suelen estar dis puestos. Y precísamente le pasaba eso al viudo monarca aragonés, cuando se tuvo que enfrentar a la "pinza" que su yerno Felipe el Hermoso le colocaba en su cuello en alianza con el rey de Francia, amenazando las posesiones aragonesas en Italia. De modo que su boda con la FOIX, no obedeció a la pasión amorosa desatada. Así lo hizo constar ante dos testigos que presenciaron la declaración de Fernando ante el notario, alegando que se casaba única y exclusivamente por motivos políticos en bien y provecho de sus reinos. Porque la boda tenia por objeto deshacer la "alianza" señalada.

Y ya una vez metido en harina, Fernando se dedicó a hacerle un herede ro a su señora esposa. Tanta dedicación puso que llegó a preñarla, pero el fruto de tanto esfuerzo murió a las pocas horas de nacer. Y esta pe nosa circunstancia supuso, según algunos cronistas, el principio del fín del apuesto monarca aragonés, muy talludito, porque sobrepasaba ya los sesenta años de su edad y no estaba para florituras, sobre todo con un pasado venéreo tan ajetreado como el suyo, que en sus buenos tiempos apuntaba y disparaba a toda saya que se movía en su entorno.

El caso es que se reanudaron los esfuerzos en pro del soñado heredero, y como el "muelle" ya daba poco de sí, hubo de recurrirse a los afrodi- síacos. De modo que según los cronistas, cenaba unos verdaderos caño nazos para levantar el ánimo y cumplir con su deber. Así le sirvieron unas turmas de toro aderezadas con cantárida, mixtura supuestamente prodigiosa que, según los galenos de la época era mano de santo-¿o de santa?-para tal menester.

Cuentan las crónicas que, luego de ingerir el potaje, el buen y cum plidor Fernando, ya no levantó cabeza. Ninguna de las dos. Y no pudo abandonar el lecho en los siguientes seis meses, temporada en que es tuvo al borde de la muerte. Cuando volvió a verse al aire libre, to dos tuvieron ocasión de ver que ya no era el mismo. Y no volvería a serlo ya hasta su muerte, ocurrida en la Cruz de los Barreros, a los 65 años de edad.

Pero no fue el único que tributó con fervor a Venus, sino que en tiem pos más recientes, y también dentro de la nómina de personajes ilus tres, hubo otros "adoradores" que tuvieron un final parecido aunque más precipitado. Como le sucedió al Presidente de la República Fran cesa, Monsieur Edgar Faure, que hubo de rendir su vida en el "salon cito azul" del Elíseo, abrazado a una conocida "cortesana" parisina de la época, "después de haber sacrificado mucho a Venus", según la discretamente explícita crónica periodística que daba cuenta del óbi to de tan importante personaje.

Hombre, si bien se mira, es preferible la segunda muerte que la pri mera. Por varias razones. No es lo mismo palmarla después de sufrir durante meses, que en el acto de "amar apasionadamente". No es igual cumplir un "penoso deber"-recordemos que el Rey Católico afirmó ca sarse por "deber"-que disfrutar gozosamente de los placeres ofreci dos libérrimamente por una expertísima profesional. Tampoco es igual tener que dar cuenta a los nobles y el Consejo del Reino acerca del resultado de tan esforzada dedicación, que despachar con el ministro de Educación-pongo por caso-tras el casquete despendolado que termi nó en fatal éxtasis, ahorrándole la molestia el titular de la Repú blica. No hay color.

Y si no que se lo pregunten al "cazador de elefantes", que tiene un bien acreditado pedigrí en esto de tumbar paquidermos y "mozas", o no tan mozas, pero que se le asimilan bastante. Porque las emociones de tal linaje producen un estado de éxtasis que, a ciertas edades, suelen ser motivo de espectaculares batacazos que requieren comple jas operaciones que enriquecen a traumatólogos y ferreteros.

En fín, que ya decía el difunto Castelao en su obra "Os vellos non deben namorarse", que hay edades para todo, y suele ser así para la mayoría, excepto algunos casos en que la alcurnia del personaje in cita a las "súbditas" de buen ver a ser complacientes, a ver lo que cae. Y la "santa" en Grecia, celebrando la Pascua ortodoxa. ¿Pero no se había "convertido" al catolicismo? Se conoce que todas sus oracio nes al santoral católico poco resultado dieron, y ha decidido regre sar al antañón santoral griego para evitar, al menos, que el día me nos pensado le devuelvan los restos del "legítimo" envueltos en papel de estraza, igual que despachaban el jabón Lagarto en los antiguos colmados. Es que apuntar al "hoyo", y a la testa de un elefante, ago ta lo suyo al más templado, como a la vista está.

Y nosotros, inasequibles al desaliento, quedamos a la espera de la próxima astracanada, que tras el tiro en el pie del niño y el "patinazo cinegético" del geronte, se adivina... ¡¡¡más difícil todavía!!!

© gsmiga
http://www.vecindiario.es
Saltar al Foro: