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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© flantains - La llave, capítulo III
fw
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 21-03-2012 14:57
Nota de la autora: hay un par de parentesis por ahí que me indican ami que tengo que retocar eso pero que no les quito porque, de momento, creo que sirben para centrar un poco al lector. Como estais leyendo sin continuidad quiero aclararos, aunque quizá no sea neceserio ( ya me gustaría), que hasta ahora hemos visto el periplo de una de las llaves, la de Andres, ahora empieza el preriplo de otra, la de Daniel. besos

Capítulo III

La noche era fría y, en algunas calles, oscura, oscura. Daniel apuraba el paso con ganas de llegar a su casa, había dejado a Pilar metida en la cama y bastante tranquila. Con la mano dentro del bolsillo apretaba la llave que le había cogido, pensó en acercarse hasta el centro comercial, por la noche había muchas cosas abiertas, aunque una ferretería., mejor mañana haría la copia, porque sino la noche se le iba a ir en idas y venidas. Miró el reloj, era muy tarde, apuró el paso en dirección a su casa. Tenía que urdir un plan antes de que ella la echase de menos al día siguiente, pero ahora estaba cansado y confuso, no se podía creer que Martín le hubiese hecho esta faena, le parecía mezquino haberle metido la llave por debajo de la puerta, después de quitársela a él. Saco el móvil un par de veces del bolsillo con intención de llamarle, a pesar de que eran las tres de la mañana, pero en el último momento valoraba la posibilidad de que no hubiese sido, estaba todo demasiado liado con el tema de Andrés, y además, salvo que fuese necesario prefería que no se enterase, bastante se había reído de él ya esta tarde cuando le había contado que Pilar le había dado la llave. Daniel no estaba seguro de si era así por principios o por su incapaz de relacionarse durante un tiempo prolongado con personas del sexo opuesto (esto tendría que ir de otra manera). Pensó en Pilar y en el momento que ella le había dado la llave, a su manera, consiguió convencerle que era un detalle altruista, una maniobra no planeada, espontánea. Se retrotrajo a aquel momento en un nuevo intento de analizar la situación, fue él el que primero hablo, habían terminado de cenar, el restaurante estaba ya casi vacío.

- El miércoles podíamos ir al cine.
- Uffff, entre semana.
- Me apetecía ver esa peli y el fin de semana va a estar imposible. Total no vamos a salir tan tarde. Venga anímate, que no pasa nada porque nos veamos tambien entre semana.
- Pero si no es por eso. ¿No puedes ir tú solo, o con Martín?
- Pues la verdad es que me apetecía ir contigo.

Esa debió de ser la clave, porque al oír esto Pilar sonrió y una ola de satisfacción le cargó la mirada.

- Bueno, cielo, tienes razón, a veces a mi tambien me apetece verte entre semana.

La verdad es que fue una respuesta a medida, le resultaba difícil pensar en la premeditación porque fue casi instantánea.

- Pues venga, saco las entradas y te paso a buscar a la tienda, pinchamos algo y luego vamos.

Sonrió tomándole de la mano y la verdad fue que, en aquel momento, la mirada que Pilar le dedicó le pareció artificiosa y afectada, no fue capaz de sujetársela y aprovechando la proximidad del camarero, le soltó para hacerle una señal y pidió la cuenta.

- He pensado Dani, que te voy a dar una llave de casa.

Tomó el bolso y empezó a buscar en él.

- Por prudencia ¿sabes? No sea que un día sea necesario, no sé para qué, ahora mismo no se me ocurre nada.

No se atrevió a negarse, no supo si la quería o no, no quiso pensar si aquello le comprometía más con ella y si, a cambio, el tenía que hacer alguna otra concesión.

- Aquí tiene la nota, señor.

El camarero dejó la bandeja encima la mesa y emprendió el regreso.

- Espere, cóbrese ya, por favor Daniel se tomó su tiempo en sacar la cartera y el dinero, arrastrando los ojos de la nota a su billetera veía la llave brillar encima de la mesa.
- Y quédese con la vuelta.

Retiró la silla y se puso en pié inmediatamente, tomo la llave de la mesa y mirando a Pilar, sonrió sugiriéndole irse ya ( a la pensión). La metió en el bolsillo del abrigo, sin pronunciarse. Cuando la acompañó a casa, después de dejar la pensión Román, se despidieron en la puerta, como siempre.

- ¿Ya estará Andrés en casa?
- No, me dijo que no venía a dormir, se quedara a dormir en casa de Luis.
- Bueno, cielo, que duermas bien.

Y la vio subir las escaleras sin prisa, con aire cansino, y perderse tras la puerta del ascensor, y el pilotito rojo que indicaba que subía, y el amarillo con el dibujito de una puerta abierta, y dejó de ver las luces del panel de control. Se sintió aliviado y suspiró, metió la mano en el bolsillo y repasó la llave con los dedos, su contacto frío. Llenó los pulmones de aire, de golpe y porrazo le había dejado de apetecer ir el miércoles al cine.

Así le dio la llave, así la tomó, cada paso que daba en dirección a su casa, después de dejar a Pilar medio dormida, era como un fotograma, una película que en su cabeza buscaba desenlace, Martín no pintaba nada entre él y Pilar ¿qué puñetas hacía metido en esto? Al fin llegó "qué coño" se dijo "por lo menos despierto a ese cabrón" y marcó el número de Martín. El móvil estaba apagado, se fue derecho al fijo y volvió a llamar, eran las tres y media de la mañana y mientras sujetaba el auricular sonreía maliciosamente " putada por putada so cabrón, y lo que te espera, ya te voy a bajar yo los humos", tras unos segundos el teléfono fue descolgado y la señal de comunicando importunó el oído. " por lo menos te he hecho levantarte de la cama, ya te vas a enterar cuando te pille" (no está logrado) Se tomó un baso de leche caliente y una aspirina y se metió en la cama, le resultaba imposible conciliar el sueño. Sonó el teléfono. Eran las cuatro. Se levantó y en la ventanita de cristal líquido vio el número de Martín. Descolgó rápidamente y casi al instante la señal de comunicando le volvió a embutir los oídos "qué cabronazo", reconoció sin dificultad el estilo de su amigo. Dejó el teléfono descolgado y se volvió a la cama. No podía zafarse del malestar repasando mentalmente los hechos una y otra vez, buscando cualquier indicio, cualquier cosa, retomó la tarde, esa misma tarde del domingo, solo unas horas antes. Cuando, el domingo por la tarde, había llegado a "El Camarote" Martín ya le estaba esperando, aún tenía la cazadora puesta y daba sorbitos a una copa de pacharán, tenía los carrillos colorados y los ojos febriles, detrás de una sonrisa saludatoría había una mueca malhumorada.

CONTINUARÁ

© flantains
Editado por fw el 21-03-2012 14:58
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