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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© flantains - La llave, capítulo II
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 11-03-2012 19:14
LA LLAVE

...


Dos lagrimas llenan sus ojos mientras continua la lectura, un hipo incontrolable comienza a agitar su pecho: " perdóname, perdóname" Suena el teléfono:

- ¿Diga?
- En media hora estoy ahí, procura estar preparada
- Vale, lo intento pero.
- Si me vas a hacer esperar pon la cafetera, que no he tenido ni tiempo de tomar el café.
- Venga vale, no me entretengas más

Pone la cafetera y se va a la ducha, bajo la lluvia fría intenta recomponer su estado de ánimo, encontrar puntales con que sujetarlo es, una cuestión de descaro, aunque le falta la energía, las ganas. Con la piel de gallina y casi tiritando se envuelve en la toalla. Terminar con Javier, no la va a resultar fácil, la lejanía de Andrés la duele y le alivia, nadie podrá verter en él sus iras, Javier nunca sabrá las verdaderas razones, tiene que planearlo bien, no quiere dejar ningún cavo suelto. Suena el timbre y abre.

- ¿Estaba el portal abierto?
- Sí

Envuelta en la toalla cerro la puerta tras de sí, le miró, los hombros llenos de gotas y desnudos
- Um! Qué recibimiento más bueno. Cuando estas así me dan ganas de perdonártelo todo
- Vaya hombre, no sé que tienes que perdonarme tú a mi

Cimbreante se acercó y tomo el extremo de la toalla

- Si yo te contara.
- Déjame ahora, anda, que no tengo ganas
- ¿No quieres repetir lo de ayer? no me negaras que nos lo pasamos bien

Intenta pasar la mano por la cintura, pero ella da un paso a tras y sin quitarle los ojos de encima, lentamente, se sube la toalla y le enseña un moratón enorme en el interior del muslo.

- Mira que bien me lo pasé yo ayer
- Eso es fruto de la pasión, no te resistas tonta, que en el fondo te encanta
- Ahora me voy a vestir y tú te vas a estar muy quietecito. Vete a la cocina y tomate un café

Javier se rió, metiendo las manos en los bolsillos

- Te queda bien esa pose puritana, le da al asunto un puntillo morboso que no me disgusta. Vale, vaya usted a vestirse

Domi suspiró, de buena gana le hubiese contestado, hubiese aprovechado el momento para decirle que no quería verle nunca más. Sí. Lo haría hoy. Pero vestida. Mientras se servia el café en la cocina no dejaba de sonreírse mirando para la puerta del dormitorio. Sonó el teléfono en la salita, saliendo de la cocina preguntó si lo cogía

- Mira a ver quien es

En la pantalla de cristal liquito ponía un nombre

- Es Carme- gritó
- Deja, no lo cojas, ya la llamaré luego Mientras tanto Javier ponía toda su atención en las llaves que estaban encima del sillón. Domi, en el dormitorio, no terminaba de decidirse por una blusa o por otra. Un llavero con un trébol de cuatro pétalos encriptado en una urna de resina; ` para que luego digan que la suerte no existe´, musito entre dientes, además reconocía las llaves porque él tenía otras que aguardaba desde hacía tiempo, demasiado tiempo, imposible tiempo para aquellos que se jactan de que el pasado no les importa. Cuando le regaló ese llavero a Andrés acababa de cumplir los once años, se lo regaló con las llaves de casa, porque ya era mayor y al fin podían prescindir de la chica que le cuidaba; iría y vendría del colegio él solo y esperaría en casa, hasta que uno de los dos, Pilar o él, llegaran del trabajo. Eran otros tiempos, era otra vida, pero él, Javier, era el mismo, se reconocía sin ninguna dificultad:
- ¿Para que me de suerte?
- La suerte no existe Andrés- se había reído al responderle, la misma risa que le ha dado hoy cuando ha encontrado el llavero- pero siempre es bueno no creerse eso del todo El niño lo miraba silencioso y pensativo, mientras pasaba sus dedos, una y otra vez, por la superficie lisa y acaramelada, la mirada perdida en el verdor de los cuatro pétalos desprendiéndose de sus ojos, la luz, a cada parpadeo
- Ojalá todos los tréboles tuvieran cuatro pétalos, ¿verdad papa?

Ojalá la vida no fuese deseo y la luz implicase siempre entendimiento. Ojalá los ojos indagando en el verdor de esos cuatro pétalos no se desbordaran en anhelos y cada una de las palabras que pronunciaba estuviera libre de incertidumbre. Que la lluvia no fuera inclemencia limitándose, solo, a amamantar la tierra; que el frío no fuera devastador y supusiese, tan solo, una tregua; que la oscuridad en la noche soportase únicamente el descanso, y el miedo habitara en la última estancia del olvido. ¿Quién te entendió cuando formulaste tu deseo? Y el silencio que le precedió y la quietud de las manos sujetando aquel trébol, y la mirada perdida en el deseo, imposible deseo, el indomable impulso de desear continuamente. No hay descanso para los ojos que quieren ver, ni reposo para los oídos que quieren escuchar, ni satisfacción en la consumación de lo que resurge, al instante mismo. Cuánto tiempo había pasado desde entonces, y cuántos kilómetros había entre ellos ahora, y más que habría, porque el tren de Andrés aún no se había parado. Se abrió la puerta del dormitorio y oyó los pasos, lentos, por el pasillo. Tomó las llaves y se las metió en el bolsillo de la chaqueta, cuando Domi le miró, tuvo la certeza de que algo iba mal. "Vamos" fueron todas las palabras, y se montaron en el coche.

CONTINUARÁ

© flantains
Editado por fw el 11-03-2012 19:15
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