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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© flantains - La llave, capítulo II
fw
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 24-02-2012 22:45
LA LLAVE

...

Fueron a la estación en la moto de Luis. Gente que va y que viene, despedidas y recibimientos, ese espacio atemporal que entre rail y rail propone movimiento en un impas de categóricas consecuencias. Se dieron un abrazo.
- ¿Le puedes dar esto a Domi?

Y sacando un sobre del bolsillo interior de la cazadora se lo extendió. En el fondo del bolso tambien estaban las llaves y las sacó con cuidado para no arrugar el papel
- Joder Andrés, vaya cosa, preferiría no volverla a ver en la vida
- Enrollate tío, toma, y en prenda de mi gratitud te regalo el llavero del trébol, con las llaves y todo- se rió de buena gana. En un cubo de resina un trébol de cuatro hojas incitaba como el genio de la lámpara maravillosa, en el otro extremo, las llaves pendulantes de la casa de Andrés, eran dos, una la del portal y otra la de la puerta.
- Hostias! Gracias macho! Sabes que me encanta este llavero
- Ya, ya. venga que me subo al tren
- Toma las llaves
- No las quiero, tíralas

Luis no respondió, ni protestó, ni no quiso quedárselas. Se le quitaron las ganas de hablar al ver los ojos de Andrés llenos de lágrimas. El silbato del jefe de estación sonó. Le vio, con cara de pasmado, subir al tren, le vio mientras permanecía inmóvil con las llaves y el sobre en la mano, trepar por las escaleras y adentrarse en el vagón, sin volver la cabeza para mirarle, sin levantar la vista del suelo enmoquetado.

- ¡Cuídate, cuídate!

Y el tren empezó su viaje, ya no había vuelta a tras. La imagen de Luis se quedaba sobre el anden, en poco tiempo, habría kilómetros de por medio entre ellos, entre ellos y entre todas sus demás realidades. No supo deducir, inmediatamente, si esto le suponía alivio, pero a medida que el tren le ayudaba a ejecutar la distancia, su codicia de futuro crecía, haciéndole liviano el desasosiego

VI
( sábado tarde )
EL TREN


Apenas sí había colocado la bolsa de viaje en el compartimiento superior de su sitio, el tren había comenzado la marcha. Tras el cristal grueso de la ventanilla, la imagen de su amigo, silenciosa y lenta, se fue quedando atrás como tantas y tantas cosas, se sentó sin apartar los ojos de los ojos que le observaban y al cavo de un instante no hubo quien le sujetara la mirada en este paisaje de inmediatez fugaz. Le hubiese gustado paliar la ansiedad de alguna manera que no fuera retorcerse en su sillón, ya era de noche y al arrullo de aquel artilugio metálico poco a poco se fue abandonando a una única idea, no volver a pensar en ella, nunca más aunque después, casi inmediatamente después de formular este deseo, se rendiría al hecho de que toda mujer que se cruzaba en su camino era comparada con Domi, cualquier proyecto era primero de todo sometido a la hipotética evaluación de Domi, hasta en la simpleza de elegir un jersey la evocación de Domi le resultaría inevitable, cual le gustaría más a ella, cual la quedaría mejor sobre los hombros en las noches frescas de agosto. Cuantas noches hundido en el colchón de su cama, con el móvil en la mano, resistió la tentación de marcar su número. Cerrando los ojos intento recordar su cara y fue incapaz "¿no querías olvidarla? Pues ya está. Olvidada" pero no tan pronto, pero inmediatamente, ojalá tuviese, al menos, una foto de ella, no la tenía, nunca la había querido porque, igual que ahora se proponía no volver a recordarla, aunque no fuera capaz de sacársela de la cabeza, hubo un momento que se había jurado vivir su vida al lado de aquella mujer, y por lo tanto no la necesitaría ¿servia de algo hacer planes?, organizar el futuro desde este presente furioso y ambiguo. Lo mejor era no volver a pensar en ella ¿qué estaría haciendo Luis ahora? Posiblemente se dirigiría a casa de Domi a entregarle su carta, y Domi estaría allí preparándose porque había quedado para salir con Javier, su padre. No se había acordado de advertirle que buscase un instante discreto, solo de pensar que en un momento dado Javier podría interceptar su carta hacía que le picase hasta la última célula de su cuerpo. Confiaba en Luis por encima de todas las cosas, él sabría, sin duda. Miró el reloj, si Luis había ido a casa de Domi inmediatamente después de salir de la estación, a esta hora estaría con ella o estaría a punto de llegar ¿lloraría? ¿Se arrepentiría del bofetón que le había dado ayer, solo para congelarle a él la impaciencia de tenerla entre sus brazos? ¿Le echaría de menos? ¿Sería capaz de disimular su disgusto ante los ojos de Javier? Sería capaz, de esto último estaba seguro.

El andén se había quedado desierto y en silencio durante algunos segundos, ecos de pasos a lo lejos y el siseo de las escaleras mecánicas, Luis reteniendo aún en su pupila la última imagen de su amigo, se aferraba a una situación que ya no existía, con los puños apretados; se dirigió a la salida, el gesto enfadado y el paso decidido, regodeándose en el sentimiento que le había dejado la despedida; sintiéndose como el personaje de una novela, se asquea de esta manera farambulesca de asumir la situación, pero no tenía más referencias, era la primera vez en su vida que se despedía. No hace ni un minuto que se ha ido y ya le gustaría encajar la ausencia, inmediatamente, en su cotidianeidad, le echará de menos. Mete el sobre y las llaves en el bolso de la cazadora, monta en la moto, no esperará para dárselo, pone rumbo a la casa de Domi. Como un ave de presa traza mentalmente una línea recta desde su casa hasta la estación, absorto en la elaboración una estrategia llega a su calle con la cabeza vacía, le gustaría encontrar una palabra que al pronunciársela a Domi, la castigase hasta hacerla doblar las rodillas. Llega, se para ante la puerta, pero no se baja, acelera y da un par de vueltas más alrededor de la manzana, el ruido y la vibración del motor le tonificaba. Al fin aparcó, los ojos brillantes pero el paso decidido y la voz firme, pulsa el botón del timbre.
- Soy Luis, el amigo de Andrés ¿me abres? Tengo que hablar contigo
- Me pillas en un mal momento, ahora no tengo tiempo

Se lo dijo sin pensárselo dos veces, sin necesidad de meditar sobre aquella situación inesperada, Domi era así, categórica.
- yo creo que me tienes que hacer un sitio en tu repleta agenda Domi, te traigo un mensaje de Andrés

Tras un segundo la puerta se abrió. Tenía una casa bonita, recogida, limpia; le esperaba con la puerta abierta y seria.
- es una imprudencia que vengas aquí
- No me parece que seas tú la persona más adecuada para darme lecciones de prudencia

Le pasó a una sala pequeñita, algunos libros, un aparato de música, un par de sillones
- qué quieres
- ¿qué quiero? Una moto nueva, que me toque la lotería. Que en vez de haberse ido Andrés te hubieses ido tú
- ¿Cómo dices?
- Que Andrés se ha ido, acabo de verle subir a un tren

Se puso de pié, sus blancas y femeninas manos se retorcieron, sus brazos se cruzaron, se descruzaron, se pasó la mano por el pelo, paseó hasta la ventana y, sin siquiera mirar a través de ella, se volvió a su sillón y se sentó. Luis la observaba, no se perdía ni un detalle de cada movimiento
- Tu juguete se ha ido Domi ¿no te lo esperabas?

Luis se ríe mientras se lo dice
- No

Intenta atrapar su mirada pero Domi no está allí. Se recostó sobre el respaldo y esperó con aparente docilidad a que ella hablara. Ni una palabra. Encendió un cigarro y al fin le miró.
- Bueno y ¿qué mas me tienes que decir?

La voz fue fría, la expresión de su cara dura, el ademán tranquilo, solo un atisbo de violencia se desprendía de sus labios cada vez que apuraba una calada al pitillo
- Nada más, me dio esto para ti

Metió la mano en el bolsillo de la cazadora, sacó el sobre y trabado de él, las llaves, que se quedaron sobre el cojín del sillón ignoradas por Luis y por Domi, entre el brazo y su pierna, silenciosas, invisibles.
- Bien, gracias, ya la leeré, pero ahora tienes que irte, en un momento estará aquí Javier.

Luis sonrió con despecho repanchigándose en el asiento y cruzando sus piernas
- ¿no me invitas a un cigarro? ¿un café?

Por fin una mirada suplicante
- No juegues Luis, por favor

Se levantó lentamente sin apartar los ojos de ella
- Espero no volverte a ver

Por un instante creyó ver en el rostro de Domi la huella del deseado castigo. Le acompañó hasta la puerta en silencio, detrás de él y al cerrar, apoyada la espalda en la pared abrió el sobre:

"mi queridísima Domi; mi tiempo se mide en los nombres de mi vida, a partir de hoy, quien quiera conocerme, tendrá que saber del tuyo."

CONTINUARÁ

© flantains
Editado por fw el 24-02-2012 22:46
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