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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© flantains - La llave, capítulo II
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Publicado el 19-02-2012 14:35
LA LLAVE

...

A las dos y media llegó Pilar, diminuta y enérgica. Él ya tenía la mesa puesta y la esperaba viendo un partido de fútbol americano. Cuando oyó la llave en la cerradura se levantó sin prisa, encendió el fuego en la cocina y puso la comida a calentar, mientras ella, gritando un saludo desde la puerta se dirigió al dormitorio y luego al cuarto de baño.
- ¿compraste el pan?
- Pensé que lo traerías tú
- Vaya por dios! Pero es qué todo lo tengo que hacer yo

No fue una respuesta, fue un grito. Andrés no contestó. Comieron sin pan, en silencio y rápidamente, le ayudó a recoger la mesa y secó los cacharros a medida que ella iba fregando
- ¿Qué vas a hacer hoy?
- Lo de todos los sábados. He quedado con Luis
- ¿y tú?
- Echarme una siesta, lo primero, estoy muerta. Luego he quedado con Daniel Procuraba darle, siempre, la espalada al hablar. La cocina era estrecha y larga, de vez en cuando, en el trajín de ir y venir, mientras colocaba lo que iba secando, se rozaban inevitablemente
- Estas muy callado hoy ¿no te habrás metido en algún lío? Mira que no estoy para que me des más disgustos.
- Pues ya ves que disgustos te doy yo a ti

Y se le escapo una risita sarcástica.
- Pues a mi no me hace gracia

Pilar se había puesto en jarras y le miraba desafiante.
- Pues no te rías, joder

Había terminado de secar y agitaba el pañito descuidadamente mientras miraba por la ventana calculando, cuan largo podía ser el mundo.
- No hables así a tu madre ¿eh?

Posó el pañito y salió de la cocina haciéndole a su madre una mueca revoltosa. Era sábado, Pilar no trabajaba por la tarde y él tenía que hacer, aún, tiempo antes de marcharse a casa de Luis. Se metió en su habitación y puso música. Tumbado en la cama cerró los ojos intentando abandonarse, hipótesis sobre conjetura, cálculo aproximado entre una realidad que le parece reconocer y una cuestión de fe, reconoce que es imposible, así, sacar alguna conclusión, le tiemblan los parpados, suspira, supone, por suponer algo, por estar entretenido, por no pensar, que una nota musical reverbera en la luz, supone que su sombra, la suya, la de Andrés, es una ilusión óptica y optima, le gustaría suponer que Domi no existe o que Javier se va, supone que se queda mudo, que ya no tiene voz y solo puede transmitir paisajes minerales de contundentes perfiles. Abismos, los abismos, siempre los mismos abismos de los que nacen todas las intenciones. Ya no hay muros que sujeten las puertas, ya no hay puertas. Sonó el móvil:
- ¿Cuándo vienes, tío?
- Estaba esperando a que me llamases.
- Vale, tráete tabaco anda, que no tengo ni un puto cigarro
- Bueno, en media hora estoy ahí

Se incorporó, se volvió a sentar en el borde de la cama abrumado, paso los dedos por la mejilla, aún podía sentir el escozor del totazo que Domi le había propinado la noche anterior. Volvió a estirarse llenando los pulmones de aire se colocó la mano sobre el estómago pesado y perezoso, tambien tenía una erección, mirando al bulto del pantalón y rascándose la cabeza se encogió los hombros con los ojos llenos de lagrimas, y, sin embargo, sonrió; fue al cuarto de baño, no tardó mucho en correrse dejándose llevar por ese paisaje mineral de ríos resueltos, de raudos caudales, de mares que se inflaman a punto de ebullición. Impaciencias insumisas se retuercen en su mano. Alientos abrasadores que se exaltan en tempestades. Domi es vientre, es rompiente, vértigos y abismo. Fuego que hiela la razón. Pleamares esmeraldas se dibujan en sus ojos; estelas blancas, que en la orilla de su alma, le proponen un largo y pronunciado aliento. Y en el último instante, céfiro que en un rincón de su alma entretiene sus realidades, desembalsa su caudal, pronuncia su nombre. Está dispuesto. Muy despacio y sin hacer ruido se asomó a la puerta de la sala, Pilar dormitaba delate del televisor, se alegró de que su madre fuera tan previsible. Volvió a su habitación, se puso la cazadora y la bufanda, tomó la bolsa y la sacó de la casa colocándola justo al lado de la puerta, regresó a la sala
- Me marcho

Lo dijo con voz firme
- Vaya, ¡y para decirme eso tienes que despertarme!
- Lo siento. Es que quería decirte que no volveré a dormir.
- Vale, haz lo que quieras, pero el domingo no vengas tarde. ¿Llevas llave?

Hurgó en el bolso de su cazadora y las sacó agitándolas en el aire
- Sí

Pilar no supo ver el trazo triste de sus ojos, ni sus labios apretados, ni el desanimo, ni las dudas. No supo entender aquella despedida taciturna, el dilatado silencio que, apoyado en el quicio de la puerta, dejó que transcurriera mirándola.
- ¡Hale! pues vete y procura no dar un portazo al salir.

Cerró la puerta tras de sí con cuidado y llamó al ascensor. Tardó meses en acostumbrase a aquella sensación de desasosiego, que se le había instalado en el estomago nada más salir de la cocina. Viéndole caminar daba la impresión de que iba cuesta arriba y de que, al mismo tiempo, un cordón invisible tiraba de él. Luis estaba solo en casa, le recibió con un par de golpes desenfadados en la espalda
- para tío, qué me haces daño
- defiéndete bellaco

Mientras caminaba hacia la habitación jugaron a pegarse como dos niños gigantes.
- ¿Trajiste el tabaco?

Con ademán resuelto lo tiró encima de la mesa
- ¿y ese es todo el equipaje?
- Solo he cogido ropa, tío
- Sí mejor, porque mientras encuentras sitio para dormir y no, vete a saber las vueltas que vas a tener que dar
- Espero que pocas. Me han dado esta dirección, mira

Muestra el papel a Luis, tiene las manos frías, toma un cigarro y lo enciende
- No fumes aquí tío, que luego mi madre se pone insoportable
- Vamos hombre, que es el último día

Luis se sienta a su lado y enciende otro cigarrillo, le echa la mano por el hombro y le sacude un poco. Sonríe. El tren sale a las siete de la tarde y llegará a su destino de madrugada. Estarían en contacto continuamente
- Nada más que llegues me haces una llamada perdida
- Vale tío
- Luego yo te llamo, de momento tienes que economizar gastos al máximo hasta que encuentres trabajo

Asentía en silencio calada tras calada.
- Mira me dio esto mi hermana para ti
- ¿Pero no habíamos quedado en que no se lo íbamos a contar a nadie?
- Juer tío, ella, no es nadie

Y le extendió un paquetito con trescientos euros
- Tu hermana es la tía más enrollada que conozco. Dile que se lo devolveré
- ¿qué piensa de todo esto?
- No se lo he contado, solo que te ibas como fugado
- No tengo nada que esconder, joder, pero paso de rollos malos.

Lo dijo apoyando la frente en la palma de las manos, en un ademán rápido.

- Vale, vale, si yo te entiendo, es mas, si yo fuera tú ya hacía tiempo que habría salido zumbando. ¿qué tal a noche? Dónde fuisteis después de marcharos de allí
- Domi quería irse para casa pero yo quería estar un poco más con ella. Discutimos. Creo que mi padre sospecha algo y está nerviosa.
- Yo tambien creo que lo sabe, igual no sabe que eres tú, pero me parece imposible que no sepa que Domi tiene otro rollo. Piénsalo bien tío, esas cosas se tienen que notar. No sé que coño hace con él
- Le tiene miedo Luis le miró con ojos comprensivos guardándose su verdad " ¿le tiene miedo? Menuda zorra"

(CONTINUARA)

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