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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© gsmiga - El viejo profesor
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 18-01-2012 21:58
El viejo profesor

Siempre vestido de negro, con una chalina al cuello del mismo tono, que invariablemente peroraba desde la "cátedra" con aquella especie de atonía lánguida, que confundía al observador primerizo, ignorante de las verídicas transformaciones del espíritu cuando roza asuntos apasionantes.

Llegaba, daba los buenos días en forma breve, y acto seguido nos decía: "Hoy vamos a examinar la virtualidad de los Contratos del Estado ante entidades extranjeras; deben tener en cuenta que el tema se complejiza con las inevitables concomitancias de las disposiciones internacionales al respecto". A partir de ahí comenzaba a dictar...los textos y normativas que deberíamos consultar para enterarnos de qué iba la cosa. Y luego comenzaba a hablar, en serio.

Se ponía a pasear a lo largo de la tarima, dando satisfactorias caladas al inevitable "camel", mientras su esgrima corporal denotaba la pasión que ponía en sus peripatéticos razonamientos. De cuando en vez se giraba hacia su auditorio, y decía en forma casual un "¿no les parece?", para proseguir su disertación sin pausa y sin prisa. Entonces, cuando llegaba al clímax oratorio, cuando el Derecho Administrativo no era otra cosa que el falaz condumio diario que le servía para atender a lo que llamaba "realidades inferiores", cuando se espíritu se esparcía sobre todo lo que le rodeaba-incluidos nosotros-su romo perfil achatado y vulgarote adquiría el aspecto y la prestancia del orador castelarino, o más aún, la precisa y preciosa dicción latina, escueta y bellamente cincelada en las sentencias de los clásicos.

Y a todo esto... ¿de qué hablaba?; ¿qué nos contaba? ¡Oh! hablaba de todo aquello que remueve por dentro el espíritu consciente de su mismidad. Como sucede en las ocasiones trascendentes, el todo y la nada se daban la mano en sus disquisiciones y alumbraban nuevos ámbitos de examen y análisis precisos y rigurosos, que nos llenaban de admiración ante los ignotos panoramas que tales elucubraciones nos desvelaban.

Un día nos preguntó que pensábamos sobre la BELLEZA. Acto seguido comenzó a analizar cómo deberíamos considerar esta cualidad espiritual y física para no errar en nuestra inquisición. Más que propiedades cognitivas evidentes -decía- la BELLEZA tiene que "satisfacer" el espíritu a través de la DEFRAUDACIÓN DE SUS EXPECTATIVAS. ¿Cómo? Pues ponía ejemplos como la pintura y la música, que despiertan en nosotros pasiones, deseos y sentimientos que ellas mismas se encargan de enseñarnos que jamás podrían ser satisfechos. Las cosas perdurables llevan impreso en su intangibilidad el sello del sufrimiento que producen en los espíritus superiores al conocer sus propias limitaciones para "gozar la misma BELLEZA". Y entonces nos dijo algo sorprendente: que la suprema BELLEZA puede equivaler a la NADA, porque contienen las mismas propiedades-intangibilidad, inmutabilidad e imperturbabilidad-, y de ahí que igual que ocurre con la BELLEZA, tampoco la NADA puede ser aprehendida ni comprendida a fondo por nadie. Ergo, la BELLEZA, como la NADA, no pueden pasar de ser un en sueño de totalidad siempre insatisfecha. Lo que a su vez equivale a una perpetua sensación de frustración que nos remueve en lo hondo y nos impele a buscar siempre un sentimiento cada vez más sutil y purificado que nos aproxime al objeto perseguido y jamás poseído. Tenía alma de poeta.

No sé si en aquellos instantes, con el rudo perfil del profesor ilumina do por la luz que entraba a raudales por el ventanal, finamente tamizada por el claustro que nos rodeaba, y envuelto en las aromáticas nubes del pitillo que lo asemejaban a la cabeza del Santiño acariciada por las nubes de incienso del "botafumeiro" el 25 de julio, tuve conciencia por vez primera de que la sabiduría no deja de ser algo aleatorio si se la compara con la BONDAD DE ESPÍRITU. Han pasado muchas décadas y no tengo una conclusión firme al respecto; pero, dejando aparte filosofías para las que no estoy capacitado, si puedo decir que aquél fue un hombre BUE NO, en el más noble sentido de la palabra.

Hoy está muerto, y yo creo que su mundo de sabiduría ignorante-¿existe alguna sapiencia que no lo sea?-, le acompaña allá donde se encuentre, porque un espíritu apasionado y veraz jamás perece. Seguramente, habrá encontrado la respuesta a aquella cuestión que nos propuso un lejanísimo día: ¿Se puede amar lo DESCONOCIDO? Ahora se halla, sin duda, en el meollo de la cuestión. Y a mí me corresponde testimoniar mi mejor y más sincero recuerdo de admiración y respeto a mi viejo profesor, que me enseñó que "saber es conocer que lo ignoras todo; y cuanto más conoces, más ignoras". SIT TIBI TERRA LEVIS.

© gsmiga
Editado por fw el 18-01-2012 22:01
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