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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© IronHeart - Dos centuriones romanos en lucha con los tutsis
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 03-01-2012 20:55
Dos centuriones romanos en lucha con los tutsis

Hace justo 1984 años que vino al mundo un niño romano que más tarde sería conocido como Nerón el emperador. Su fructífera vida fue, cuando menos, sorprendente: artista, amante de la arquitectura y del urbanismo y también polémico, pero mucho menos conocida fue su afición por la geografía. Nerón, según se desprende de su biografía, no conciliaba el sueño al no tener respuesta a la pregunta que ya dos mil años se habían formulado los propios faraones:

¿Dónde nace el Nilo?

El Nilo, ese gran río, con miles de kilómetros por el desierto, solitario, sin afluentes conocidos que le surtan de caudal, y cuyas aguas permiten una vida holgada a todo lo largo de su cauce a millones de personas, no tenía origen conocido por aquel tiempo.

Ciertamente, no fue hasta el siglo XVI que jesuitas españoles, alguno nacido en la entonces provincia de Portugal, llegaron a descubrir sus manantiales, al menos los del Nilo Azul, en algunos de los viajes en su búsqueda del reino del Preste Juan, y la necesaria conversión de sus súbditos a la fe católica. Siglos después, los ingleses dieron la noticia de su descubrimiento como propia y así ha quedado por cierto para todo el mundo, remitiendo a esos jesuitas y al propio Nerón al obscurantismo.

Volviendo a Nerón, éste, para conocer la respuesta, llamó a dos de sus mejores centuriones, Aemeritus Germanicus y Primus Calixtus el Joven y les ordenó que salieran raudos a desentrañar el misterio, a que recorrieran el Nilo hasta llegar a su origen, a sus fuentes manantiales y volvieran con el resultado de sus indagaciones.

El viaje de los dos centuriones y su pequeño séquito hasta Nubia, aun con algún sobresalto, fue tranquilo, mas una vez llegados a la selva africana su vida se convirtió en un infierno. De poco servían sus armaduras y escudos ante el ataque continuado, día y noche, de tribus salvajes, sin ningún conocimiento de latín o griego y poco diestros en el arte de la guerra moderna, pero llevados por una ferocidad y crueldad sin límites. Los hombres de una de esas tribus tenían una sola pierna, que usaban para hacer saltos de varios metros, yendo del suelo hasta las ramas de los árboles en un brinco para desaparecer en la oscuridad del bosque, o podían correr a velocidad del gamo en los pocos claros de hierba que había. También los animales, algunos que ya habían visto en el circo, y otros aún más feroces, les causaban bajas por heridas e incluso muertes. Otros soldados del séquito murieron de enfermedades.

Ya solo quedaban cuatro soldados y los dos centuriones, todos ellos enfermos, casi desnudos, hambrientos y con su orgullo romano mutilado, pero con la fe inicial de continuar con su misión imperial.

Fue Aemeritus el primero que, un día lluvioso, subió las rocas por donde descendía el Nilo y una vez arriba, divisó un pantano enorme, sin principio ni fin, una llanura interminable en leguas a la redonda, toda ella llena de agua y vegetación, imposible de franquear. Durante días intentaron bordear el pantano para descubrir de dónde procedía el agua, pero esa tarea resultó imposible por penosa, así que reunidos decidieron por unanimidad dar el viaje por concluido y nombrar ese pantano como origen del Nilo, porque, ¿qué probabilidad había de que alguien viniera a desmentirlos? Escasa o nula, pensaron, con suerte podrían disfrutar de mil quinientos años de gloria hasta la llegada de los jesuitas y, para entonces, Nerón y todos los romanos ya estarían muertos.

Su vuelta a la civilización fue más placentera que su búsqueda del manantial del Nilo, más rápida, con menor desasosiego. Se alegraban de ver las casas, de piedra o de adobe, las calles empedradas, las puentes que permitían cruzar ríos. Oh las puentes!, qué maravilla de la civilización romana!

***

Y aquí empieza el verdadero mensaje. Lo anterior es solo el introito.

¿Por qué las puentes (pons) romanas cambiaron de sexo en español, hace poco más de doscientos años?

Siempre habían sido la puente (Pontevedra, Ponferrada, etc.) y, de pronto, en el siglo XVIII esas mismas puentes pasaron a cambiar de sexo de forma incomprensible. Ya no era el agua que pasaba por el ojo de la puente, era el puente que atravesaba el río.

Francia tiene mucho de culpa, digo yo. Y nosotros por afrancesados. Sobre todo por entonces,

Saludos
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