Portada · Noticias · Faq · Contacto · Colabora 28 Octubre 2021 15:22
Navegación
las Ediciones
VSnail beta 1.0
Iniciar Sesión
Nombre de Usuario

Contraseña



¿Aún no eres Miembro?
Pulsa aquí para registrarte.

¿Has Olvidado tu Contraseña?
Pulsa aquí para solicitar una nueva contraseña.
Pergaminos
Sindicación
Foros Noticias
Textos Enlaces

Comunidad
Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Francisco M. Herranz - LA VENTANA
fw
Super Administrador

Avatar Usuario

Mensajes: 675
Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 28-07-2011 15:09
LA VENTANA

No estoy en condiciones de saber si aquella ventana de vidrios esmerilados abierta a un balcón desde el cual una mujer se arrojaba al vacío fue un sueño mío, soñado por influjo del relato obsesivo de Maribel, la mujer que atendía nuestra casa, o si habiendo yo soñado con aquella ventana y con aquella mujer, el relato que yo le hiciera capturó la mente de Maribel de tal manera que hizo que ella lo tomara como propio y lo repitiera una y otra vez haciendo que yo siguiera soñando con aquella ventana y con aquel suicidio. Digo "suicidio" pero vale aclarar que éste, sin ser frustrado, tampoco era cumplido porque mi sueño se detenía invariablemente en el momento en que la mujer, con los ojos saliéndose de las órbitas trepaba a la baranda, instante en el que yo, con una desagradable sensación de vacío en el estómago, saltaba de la cama con los brazos extendidos hacia la mujer intentando vanamente socorrerla o, acaso socorriéndola realmente, pues la caída de la mujer no se producía al menos en el sentido de que yo viera el fin de la secuencia con ella estampada en el pavimento.

Un detalle que recién se me ocurre ahora, por las trágicas razones que luego quedarán a la vista, es que Maribel existía para nuestro mundo sólo por su apodo, sin saber siquiera se lo habíamos impuesto con tácita aceptación, o a sus espaldas, o si lo traía consigo del lugar en que hasta entonces viviera. Lo cierto es que después de algunos años Maribel cesó de prestar servicios en casa de modo que, con el transcurso del tiempo, sea por que ella dejara de repetir su sueño, o el sueño soñado por mí que ella tomara como suyo, por mi parte dejé de soñar la ominosa escena dándole, con tranquilidad para mis padres y con sosiego para mis hermanos que llegaron a sospechar de mi cordura, habiendo ya dado por segura la demencia de Maribel.

Alguna vez, por boca de mi hermano mayor, me enteré que aquella niñera obsesiva al abandonar el trabajo, olvidó retirar sus documentos, los que fueron conservados más por desidia que previendo un posterior reclamo pero que, luego de tantos años, días antes se había presentado una persona para reclamarlos, cuestión que en ese momento no le dimo trascendencia. Así las cosas, pasado el tiempo, casi olvidadas aquellas angustias, casado ya y establecido en un barrio apacible, sucedió que la casa vecina a la que ocupábamos fue derrumbada y en su reemplazo edificada una torre que, de alguna manera, me incomodó ya que nuestro piso tenía un amplio balcón lateral, en el que yo solía leer y ocasionalmente dormitar, por lo que en adelante quedaría enfrentado a las aberturas laterales de las torre, según surgía del plano exhibido en el obrador.

Pero hete aquí que en el curso de la obra advertimos que los anunciados balcones laterales, fuera por economía, o por pedido de algunos consorcistas, no se construyeron y, en su lugar, para descontinuar las extensas paredes exteriores, se dibujaron ventanales en el lugar donde debieron construir los balcones, algunas de los cuales fueron pintadas como cegadas por cortinas y otros con persianas cerradas; en fin, una simulación tan prolija como absurda.

Ya concluida lo obra y ocupados los distintos pisos, una tarde me quedé dormido en el balcón siendo despertado por un grito; al despertar, a la distancia, creí ver a una mujer que, saliendo del fingido balcón, justamente el enfrentado al mío, trepaba al barandal con la evidente intención de arrojarse al vacío acompañada por un grito desesperado. A la distancia la vi, inerte, en el piso.

El suicido al que me tocara asistir sin mi voluntad me alteró, como si un presagio me advirtiera que la cuestión me estaba vinculada de alguna forma secreta, de modo que salí a la calle dispuesto a acercarme al cuerpo de la mujer. Así lo hice viendo el cuerpo de decúbito frontal y permanecí en el lugar viendo y oyendo a los forenses y a los testigos, que fueron interrogados en el sitio de la caída. Los forenses determinaron que la violencia del impacto del cuerpo contra el pavimento hacía presumir que había corrido un largo trayecto y que, no existiendo ventanales sobre el sitio de la caída, se hacía evidente que la mujer se había arrojado desde la azotea. La suicida, por la falta de identificación temporal fue nombrada por los diarios los diarios como M.C. tal cual las iniciales que constaban en el prendedor de la mujer. Vaya a saber porqué en ese momento recordé el nombre de Maribel y su apellido, Caprioli. Me fui temblando del lugar; acaso la suicida, aún perseguida por su sueño, o por el sueño mío que adquiriera ella, tomó la determinación de venir a cerrar el círculo, perfeccionándolo frente a mi balcón.

Es solo una posibilidad; suficiente para que desde entonces haya vuelto a soñar aquella escena, tal como la soñaba antaño, tal como había ocurrido

© Francisco M. Herranz,
PacoZ
http://www.vecindiario.es
Saltar al Foro: