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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© gsmiga - El Puente de Las Burgas
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 28-07-2011 15:04
El Puente de Las Burgas

Es un puente singular porque el vecindario que vive en cada uno de sus extremos es de distinta opinión. Unos son partidarios del futuro, enemigos del recuerdo. Los otros temen al futuro porque conocen que trae la muerte y creen que aferrándose al pasado podrán retrasar su aparición. Además, opinan que el futuro es el olvido, porque el tiempo contribuye a difuminar los recuerdos, y todos terminamos engullidos por su estremecedor vórtice, uniéndonos a las masas incógnitas que poblaron los siglos anteriores.

Pero los futuristas alegan, a su parecer con razón, que cualquier cosa que se desee saber del pasado se encuentra en los libros de Historia, y por eso el recuerdo es superfluo. Mejor dicho, creen que una pequeña parte de la sociedad, los que denominan "ociosos", son los llamados a ocuparse de los registros del tiempo pasado, porque no temen a la muerte, y hacen de su vida un perpétuo ejercicio de recordación. Son, pues, esos tipos atrabiliarios, condenados a vivir en soledad en tre polvorientos pergaminos y añejos libros que reflejan antañonas locuras, los que deben ser alejados de la "Teoría del Tiempo".

Creen que el tiempo acerca al futuro, y que pone a disposición de los que están atentos a su discurso las señales inequívocas de lo que va a venir, de lo que ya asoma, aunque muchos no se percaten de ello. De esta manera, convierten al futuro en un ejercicio de voluntad de "permanencia" en el tiempo, a través del cual aspiran a conocer la inmortalidad, porque creen que el que espera el futuro no puede gustar la muerte hasta haberlo conocido.

Y luego está el ciego Ramiro, que nadie sabe dónde vive porque está constantemente en las esquinas del puente. Unos días en una y otros en la opuesta. Y canta unas melodías ininteligibles, con un tono de voz espeso y monocorde. A quien le pregunta qué es lo que canta, le responde que el secreto de la "Dama Bella". Todos saben que Ramiro está medio trastornado, y por eso no dan mucha importancia a sus murgas. Pero un día, un turista curioso quiso indagar algo de lo que sabía Ramiro. Recibió una respuesta que le sorprendió: la "Dama Bella" fue una mujer tan sumamente hermosa que llevaba a la muerte a todos sus enamorados.

Atraía a todos los hombres, pero cuando se acercaban a ella se daban cuenta de que su hermosura se les aparecía inaccesible. Todos experimentaban esa sensación mixta de deseo e inferioridad que se reconoce ante la suprema belleza. Muchos, deseperados ante su incapacidad para alcanzar los favores de la hermosa, ponían trágico fín a sus días. Otros, más apocados, se dedicaban a pasear por el puente, en donde ella estaba siempre al atardecer, para contemplarla con ojos ávidos y desesperados, hasta que los consumía la melancolía. Así se quedó sola la "Dama Bella". Únicamente la acompañaba su propia hermosura y distinción. Pasaron años y décadas, y sola continuó, enmedio de su inmarchitable esplendor. Cada vez más hermosa, cada vez más sola, cada vez más triste. Hasta que un día, la encontraron a los pies del puente, desnucada. Tenía un papel en la crispada mano derecha: "La Belleza me ha arrebatado el Amor". Cruel despedida.

Desde entonces, en algunas tardes neblinosas, algún viandante cree distinguir entre la bruma la silueta de una dama distinguida que atraviesa el puente... sin rumbo conocido, porque acaba siempre desvaneciéndose en la grisura. Pero Ramiro, que por ser ciego tiene los sentidos muy desarrollados, dice que ha llegado a percibir su aroma, que no puede asimilar a ningún otro conocido. Dice que es embriagador, simplemente.

La historia de Ramiro ha encendido un ardiente debate entre "futuristas" y "evocadores". Los primeros dicen que a la hermosa la mató su falta de fe en el futuro, que seguramente habría llegado a colmar su anhelo de ser amada. Solamente le faltó paciencia, aducen convencidos de su razonamiento. Por el contrario, los segundos alegan que fue el desconocimiento del ayer lo que ocasionó el desgraciado final de la bella, porque ignoraba el trágico destino de algunas otras bellezas de la Historia. Si se hubiese preocupado de explorar el pasado, seguramente habría extraído provechosas lecciones que la hubiesen ayudado a "humanizar" su esplendor para no desanimar a sus admiradores. Ni unos ni otros se apean de sus convicciones.

Pero el sabio Hermógenes, que vive en un barrio alto, desde el que se ve el puente, y contempla en atardeceres veraniegos las disputas entre los vecinos de sus extremos, dice que la única forma de conciliar sus posturas es reconocer que del pasado se aprende y del futuro se espera. Por lo demás, alega que los que creen que evocando el pasado retrasan la muerte, lo mismo que los que esperan evitarla mirando al porvenir, cometen el mismo error.

-Porque, observe, querido amigo: todos estamos hechos de materia física y de tiempo. Sí, no me mire sorprendido, porque las horas de nuestra existencia, los días, las semanas, los meses y los años, tiñen nuestro ánimo con una pátina que conforma nuestro modo de ser, de pensar, de sentir. Fíjese, que todos los días de todos los años, están formados por minutos y segundos, que son los que conforman las horas de nuestra vida. Porque cada segundo que cae, dejamos atrás una ínfima porción de pasado, al tiempo que afrontamos otra minúscula porción de futuro; y lo mismo ocurre con los minutos, las horas, los días y los años. Estamos viviendo siempre nuestro pasado y nuestro futuro sin solución de continuidad. Pocos se dan cuenta de ello porque, a lo que estiman inmediato, le llaman presente. Pero lo sustantivo es que nunca percibimos estos cambios constantes más que en especiales ocasiones de trágica evocación o hermoso recuerdo, que quedan grabadas a fuego en nuestro "yo". A eso llamamos pasado, mientras ignoramos que cada instante nos proyecta al futuro inmediato que cursa fugazmente y que recordamos cuando hojeamos las mohosas hojas de un diario atrasado, o repasamos las amarillentas fotografías de un abandonado album, sin caer en la cuenta de que ése pasado que tenemos en nuestras manos, nos pasó desapercibido cuando lo vivimos. Lo mismo que los partidarios de "vivir el presente", ignoran que no es más que el contínuo paso del pasado al futuro. El tiempo -concluye Hermógenes no es divisible, ni susceptible de guardar en compartimientos estancos.

A esta perorata siguió un silencio meditativo, que solamente se interrumpió con el graznido de Ramiro... La "Dama Bella" siempre es presente... Desde ese momento, una nueva especie corrió entre los vecinos de ambos extremos del puente. Ahora se comenta que Ramiro fue su primer admirador silente, y que por despecho ante su imposible amor, y hastiado de sufrir y ver sufrir a otros, la mató. Por eso cuenta que aspira aún su delicioso perfume..., y cambia cada día de esquina del puente con la esperanza de encontrarla.

© gsmiga
Editado por fw el 28-07-2011 15:05
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