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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Alissia - El hombre que creía
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 01-04-2011 21:11
El hombre que creía
…creo que ya he escrito sobre esto…

Lo primero que supo es que tenía cinco hijos, el último, traído al mundo aunque los médicos aconsejaron lo contrario: No le funcionaban los riñones y tenía una probabilidad de vida de un año. Desde el primer día el bebé estuvo, está, sometido a revisiones semanales, operaciones mensuales, y donantes de por vida. Si llegaba a tener vida. Tenía una probabilidad entre mil de llegar a los seis años. Miento.

Lo primero que supo es que tenía treinta y tres años, cinco hijos y siempre había sido heavy a pesar del pelo rapado y las gafitas de cura.

Un día, ella le compró un escapulario al bebé de una santa milagrosa. Al fin y al cabo los padres creían en los milagros. Aunque no ella. En el comité de dirección, todos hombres, menos ella, las bromas eran sobre su ¿orientación sexual? ¿Al norte, al sur, al este, al oeste? Se preguntaban, sin saber que en su presencia, la veleta de ella no giraba.

Un día la acorraló en el despacho y le dijo que por su culpa no podía despedir a una trabajadora:

- “… Demasiado buena la evaluación
- Sólo he dicho que es trabajadora y constante….
- Así no la puedo despedir….
- ¿Por qué vas a hacer eso?
- Porque es tonta….
- ¡Pero trabaja!..”

Libraba todos los sábados, tenía “nosequé”, donde se tocaba la guitarra y se celebraba la Eucaristía. Un día, en colaboración con el ayuntamiento colaboraron para dar trabajo a Mujeres Maltratadas. Eso era bueno, pensó, y luego escuchó:

- “¡Está bien que vengan las “maltratadas”, si les das un grito o les levantas la mano ya están acostumbradas!”

Había un chico amanerado, pero con novia. Eso no entraba en su cabeza sin sueños, en sus creencias:” ¡El chico era maricón!”. Decía que se liaba con otro compañero de trabajo. Decía que era prepotente. Decía que no se humillaba ni pedía perdón. Decía, DIJO, que lo iba a despedir. Ella pidió que lo reconsiderara, estaba en la empresa muchos años, era un buen trabajador, un buen compañero y un líder en su turno. Lo despidió.

El mismo comité de dirección se murió de la risa anunciando que a mucha honra eran machistas.

Una vez tuvo una compañera, de la misma ¿creencia?, casada con un ¿guardia civil?, ¿municipal?, ¿policía? , no recuerda. Duró tres meses. Se acostó con el jefe, con un compañero de la dirección y con un trabajador. Totalmente equitativa. Después de acostarse con el trabajador dejó la empresa. Creo que no superaron sus expectativas. Le faltó acostarse con ella.

Pero se la metió doblada, al fin y al cabo es lo mismo: dijo que ella le hacía la vida imposible. Todos sus amantes, menos el trabajador, se convirtieron en detractores de ella. Efectivamente, también se la folló a ella.

Por un momento, pensó en acostarse con el trabajador.

Ella tuvo pesadillas durante meses esperando que viniera el marido ¿guardia civil?, ¿municipal?, ¿policía? con el arma cargada disparando a cualquiera que se moviese. Al fin y al cabo, la otra, se había pasado por la piedra todo lo que se movía, de una manera u otra. Un día la llamó al despacho y le dijo “Soy un gran mandril” y ella pensó que tenía razón.

Ella pasaba por el trabajo de puntillas pero aporreando las puertas para avisar que entraba. No podía evitar salir, a veces, con algo en las manos: El día que llamó chusma y putas a las chicas del trabajo por querer participar en una cena antes que una barbacoa, las entendió. Preferían que por una vez las sirviera un camarero, no volver a tener que hacer la comida ellas. Ella le dijo: “¡Chusma, Tú!”

El gran mandril le dijo: “Soy tu escudo, todo el mundo te odia” Y ella no lo creyó. No necesitaba su escudo, sino uno contra él. Ella se equivocaba, no existe el compañerismo, cuando tu vida depende de un sueldo.

Intentó “adoctrinarla” en su fe, que exigía derecho de pernada. Ella ni se dio cuenta, no se llega a los cuarenta siendo agnóstica y comunista sin un buen escudo propio. El si se percató. No teniendo en común ni moral, ni ideales, ni religión, la cosa estaba clara: Despido Improcedente.

Al menos no la mató, creo que eso lo perdona su religión.

© Alissia
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