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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Zoref - GOTELÉ DE MIERDA
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Localización: Hispalis, España
Registro: 21.07.08
Publicado el 17-09-2008 23:59
GOTELÉ DE MIERDA


Había sido una semana agotadora, pero por fin se acababan las vacaciones. Había dormido en el coche, en un camping y en pensiones de mala muerte. Por eso, aquella noche, la última noche, se dijo que dormiría bien.

Escogió el hotel más moderno y caro de la ciudad. Por la mañana cogería el coche y conduciría mil doscientos kilómetros del tirón, así que quería levantarse descansado y empezar el día bien.

Le sorprendieron mucho los gadgets que habían en la habitación, cosas que nunca hubiera imaginado, un lavabo tan futurista que no acabó de entender su funcionamiento cuando se lo explicaron en recepción.

Pero seguramente por eso era el hotel más moderno de la ciudad (y del mundo, había dicho el recepcionista). También era el más caro y eso lo comprobó en el servicio de habitaciones, atento, amable y tan servicial que parecían anticiparse a sus necesidades.

Cuando se lo comentó al botones, éste le explicó que había una red domótica integrada que detectaba cualquier necesidad de los clientes y que por eso había aparecido esa mañana justo cuando pensaba en llamar al servicio de habitaciones con un zumo de naranja, un café con leche humeante y cremoso y un par de tostadas, con su correspondiente mantequilla, mermeladas varias y miel. -¿pero como has sabido que quiero zumo de naranja y no otra cosa?- El botones lo miró con simpatía y le respondió: usted es un clásico. No podía ser de otra manera.

Mientras preparaba la maleta para irse, pensando lo bien que había desayunada, sintió el primer retortijón.

Es curioso, pensó. No he necesitado ir al water en ningún momento y la verdad, después del susto que me he dado en la ducha -el sistema domótico se había activado cuando él no estaba preparado todavía y el sistema de chorros de agua pulverizada que le envolvió al entrar en el lavabo le dio tal susto que se meó encima. Supuso que el sistema ya lo había previsto, por qué cuando salió del lavabo limpio, peinado, recién afeitado y oliendo maravillosamente fresco no quedaba ni rastro de nada. Solo el susto y desconcierto.

Seguramente por eso no se atrevía a volver a entrar en el lavabo. Demasiado moderno.

Pero el organismo no perdona y el segundo retortijón lo dejó doblado encima de la maleta y con la vista nublada. Miró hacia el lavabo. No, seguía sin atreverse. Paseo la mirada por toda la habitación y vio un calcetín abandonado al pie de la ventana. Se acercó sujetándose las tripas y abrió la ventana: los gases que había comenzado a expulsar ruidosamente empezaban a demostrar a su olfato la fórmula del metano demasiado gráficamente.

No se lo pensó más. Cogió el calcetín, la abrió tanto como pudo y cagó en él. La cara de placer después de soltar su carga solo era comparable a la sensación de desconcierto que sintió cuando pensó ¿y ahora qué? Miró la ventana abierta y no lo dudó. Ató el calcetín y comenzó a girarlo sobre su cabeza para que cogiera fuerza y saliera despedido por la ventana lo más lejos posible. Recordó mientras lo lanzaba por qué había abandonado el calcetín la noche anterior. No estaba dispuesto a remendar el agujero que tenía justo a la altura del dedo gordo.

La fuerza centrífuga había realizado su trabajo y con cada vuelta que dio el calcetín sobre su cabeza, chorros de mierda licuada habían salido a presión, dispersándose por toda la habitación: techo, suelo, paredes, mobiliario, todo.

Se quedó durante un momento en blanco, hasta que la voz detrás de la puerta le devolvió a la realidad.

-Servicio de habitaciones, sé que me necesita, señor.

Completamente blanco, sacó un billete de 100 euros del bolsillo mientras abría la puerta. Dejó que el botones viera el estado de la habitación antes de decir:

-Cien euros para ti si limpias esto sin preguntas.

El botones, boquiabierto, sacó de su bolsillo un billete de 500 y respondió:

-Quinientos para usted si me explica cómo lo ha conseguido.


© Zoref
20/08/08
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