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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Pacoz - El extraño caso de la desaparición de la túnica inconsutil
Mar
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Mensajes: 169
Localización: Madrid
Registro: 02.07.08
Publicado el 28-05-2010 10:16
El extraño caso de la desaparición de la túnica inconsutil
(Novela breve)

Ella se llamaba Amanda, bah, la verdad es que se sigue llamando Amanda, aunque a los fines de esta historia resulta superfluo consignar su nombre, ¡qué digo su nombre!, sus tic, sus atributos, sus costumbres, su carácter, sus modales y cualquier otro detalle que la distinga porque Amanda no es más que un pretexto, acaso trágico, de esta sencilla historia.

Veamos; el día del que vamos a hablar es el 31 de enero pasado. Julián Estrella, que de él se trata, acompañó, repito, a-com-pa-ñó, a Amanda, entiéndase, acompañó, no r0;llevó", acompañó a Amanda y, lo que es más la acompañó por insistentes ruegos suyos -es decir de ella- a una fiesta campestre que se celebraría en homenaje a su tía abuela -entiéndase, la tía abuela de Amanda- llamada por casi todos por su nombre, Nacarina, y sólo Nacar por sus nietos menores, no por la blancura de su piel, que era cetrina, sino por estar ellos acostumbrados a usar siglas para abreviar los textos, fuera por comodidad o por razones tecnológicas, hasta el extremo de abreviar la palabra "sigla", que de por sí indica abreviación, por la mera letra r0;Sr1;, lo que constituye una verdadera exageración, mírese como se lo mire, y aunque no se lo mire por estar mirando para toro lado.

La reunión de que se trata tenía por objeto festejar el ciento cuatro aniversario del nacimiento de Nacarina, número por el que la apodaban r0;abuela magiclic", refiriéndose a aquel encendedor de cocina del que la propaganda aseguraba que duraba esa cantidad de años, circunstancia que, digamos de paso, no era cierta, ni falta que hacía porque para qué puede usted querer un implemento que le sobreviva sin siquiera abonarle el lucro cesante. Para circunstanciar la historia diremos que el día anterior al evento Julián, que sólo había visto el campo en ilustraciones, en gráficos, en figuritas adjuntas a chocolatines, en historietas, en dibujos animados o en escenas de películas de cow-boys yanquis que veía en el cine r0;Londresr1; sala ubicada en la Avenida Coronel Díaz -también conocido por "cine Chinche" por la locaciòn gratuita u onerosa de colonias de hemípteros voraces, con los pies debajo de los muslos, es decr sentado a horcajadas en el asiento para preservar los pies del torrente de orina que se deslizaba silentemente por la suave pendiente del local, detalle si no redundante al menos indiferente a los efectos de esta historia. Lo importante, o meramente anecdótico, es que Julián, desde el día anterior a la fiesta campestre anduvo muy atareado en busca de unas botas altas de cuero y de un pantalón-bombacha que se encaprichó en que fuera (pretérito imperfecto) por fuera de color crema, por parecerle bucólicamente apropiado para la ocasión pese a que cualquier persona medianamente sensata hubiera advertido que con ese color la prenda estaba destinada a ensuciarse en el viaje de incluso antes del viaje, o en el curso del mismo viaje de ida, sin contar lo mucho más sucio que estaría en el viaje de vuelta, por lo que su madre, juiciosamente, opinó que tal indumentaria era más propio para carnaval, juicio que Julián no pudo aprovechar tanto porque desconocía al carnaval, que había muerto hacía muchos años junto con los pomos de éter, las serpentinas y las matracas de madera, cuanto porque nunca se ha visto un hijo que le haga caso a la madre, salvo el supuesto de esos solterones merecedores de sospechas y de comentarios picarescos, malévolos y/o soeces, es decir esos hijos que pasean al perrito de la madre, o a la madre, o a la madre y al perrito, llevando una palita para recoger los residuos depositados por el canino en el camino, como si fueran Suizos o Alemanes, siendo que para serlo hay que haber nacido en esas estólidas naciones, posibilidad fuera del alcance de las probabilidades de Julián que había nacido en un hospital de la Rioja, en aquel tiempo llamado General Presidente Perón, al que oportunamente se le cambió el nombre por el de Presidente Doctor Carlos Menem.

Vuelvo a la historia, la madre de Juián, viuda de un irlandés miembro del IRA, acaso por ello sumamente iracundo, impertérrita, como que conocía el campo tanto como a su hijo ya que, a la vez, era hija de un chacarero santafecino venido de Italia en tiempos de Mussolini, por lo que aconsejó a Julián que en vez de botas comprara unas alpargatas, que no sólo eran más baratas sino, sobre todo, más prácticas, sin convencer a Julián que se había criado en un Colegio
regido por sacerdotes Vascos educados en Galicia, lo que no es poco decir.

Con lo que es llegada la hora de confesar que con tantas dilaciones, entrecomillados, aclaraciones innecesarias o sobreabundantes me he embarullado hasta el punto, o punto y coma si correspondiere, de no recordar si el que iba a llevar, o llevó, a Amalia al cumpleaños de Nacarina, o a Nacarina al de Amalia (¿o era Amelia?) se llamaba Joaquín, como mi sobrino nieto, o Julián, como uno que se llama Julián, por lo que acortaré esta historia por prudencia y/o por necesidad.

Resumiendo; en el cumpleaños la anciana, llámese como se llame, se atragantó con un biscochuelo de dulce de leche que llevó Aldo Spanapietra, el anterior novio de Amanda, o Amalia, o Amelia, por lo que no faltó quién comentara que el sujeto había envenenado la torta, o el pedazo de torta, o directamente a la mujer, para privar a la que había sido su novia del dudoso mérito de tener una tía centenaria venganza que sería como, por amores despechados, tronchar el ombú bajo cuya copa hablaron, o hicieron silencio, o jugaron a la r1;escoba de quincer1; el Director Supremo Brigadier Juan Martín de Pueyrredón y el General Don José de San Martín, dos prominentes figuras de la historia Argentina de indiscutido presstigio, no como el Brigadier Juan Manuel de Rosas o el Presidente Don Bartolomè Mitre a queines los historiadores ponen o sacan según hayan sido educados en escuelas de sacerdotes o en escuelas laicas.

La cosa es que con el deceso de la cumpleañera, y aquí viene lo bueno, intervino el Comisario Liborio Sánchez, que vivía ahí nomás, para detener al infrascrito pero en el momento de querer hacerlo, por esas cosas que tienen los Comisarios, se le dio por ser más enfático en el cumplimiento del deber por lo que, en vez de detenerlo le encajó un tiro en la oreja izquierda, acaso acaso porque los policías americanos tienen un no se qué con ese lado y sólo consienten a las derechas, salvo Chávez, el de la boina colorada, que desconfía de la izquierda, del centro y de la derecha, salvo que use boina colorada y a veces hasta de los que la usan, con la que ya muerto el sospechoso y aprovechando la confusión se llevó a la muchacha r11;hablo de Amanda, o Amalia o Amelia- al cuartito de planchar donde le encajó un chupón de esos que hacen andar quince días con bufanda en pleno verano, y si no aprovechó la bolada para violarla no fue por falta de ganas sino porque en el apuro se le trabó el cierre automático del pantalón con la cutícula del implemento, con los consiguientes hayes y raudo partir hacia la sala de primeros auxilios, donde lo atendió Pánfilo Narvéz un enfermero que no obstante tener cuarenta años vive con la mamá y el perrito de la mamá.

Colofón; al otro día compré el diario local, propiedad del Intendente de la población, para leer los entretelones del acontecimiento, encontrándome con que nada de lo narrado había ocurrido o que habiendo ocurrido, todo se había echado al olvido en otro caso de subrepticio escamoteo de la realidad "por orden superior", como suele decirse cuando no se quiere nombrar al Intendente, al Gobernador, al Presidente o a la mujer de cualquiera de ellos, por discreción, por precaucuón o directamente por miedo a las consecuencias.

Con lo que doy por terminada mi novela. No podrá decirse que en ella falta acción, sexo, misterio y violencia, ni que la presento alambicadamente, como hacen ahora los jóvenes novelistas que, buscando originalidad, sólo logran que los desprevenidos lectores no entiendan un pomo.

Nota del editor: perdónese la ambigüedad, cuando no la improcedencia del estrambótico título de la novela, pero cuando el texto es malo hay que atraer a los lectores mediante títulos sugerentes.

EL GERENTE.

© FMHz.05/2010. 23:24:17.

Mar
Editado por fw el 31-05-2010 08:34
PublicaRE: © PacoZ - EL EXTRAÑO CASO DE LA DESPARICIÓN DE LA TÚNICA INCONSUTIOL.
Pacoz
Miembro

Mensajes: 9
Registro: 31.07.08
Publicado el 29-05-2010 14:29
Mar, no te tenía en el elenco de "vecindiario", lo que demuestra mis distracciones y, más, el deplorable estado de mi vista. Agradezco el trabajo que te has tomado. No te imaginas el trabajo que me de corregir mis textos.

Un afectuoso abraxo.

PacoZ.
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