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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Alissia - "LO LI TA"
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 04-09-2008 17:02
Lo li ta

La mañana era bochornosa. El uniforme, tan antiguo como incómodo se le
pegaba al cuerpo al único municipal que presenciaba la escena. Sus ojos
seguían la instalación de la cinta amarilla, que rodeaba el cuerpo
desangrado por numerosos cortes. Lo habían levantado a las ocho de la mañana
con la urgencia de la muerte imprevista. En ese pequeño pueblo los
homicidios solían ser casuales , si se puede llamar casual a la muerte
provocada...Pero esto se salía de todas las pautas por las que se había
regido en su vida profesional. Miró de nuevo el cuerpo adolescente, ¿quién
se lo diría a sus padres?. Justamente ahora que solo le faltaba medio año
para jubilarse, cansado ya de las burlas de los adolescentes, de los vaciles
de los camellos oficiales, a los que no se les podía tocar porque
suministraban farlopa a toda la gente bien, la gente que pagaba su sueldo...
¡Que harto estaba!, Tenía cincuenta y siete años y se sentía gastado.
Completamente derrotado por un sistema y por unas leyes que se le escapaban
de las manos.. Pescar y bailar. Esa era su ilusión. Y ahora esto...¿quién se
lo diría a sus padres?...

La prensa nacional se volcó en el cruel asesinato, alcanzando el rango
de noticia de portada. Se analizó el dolor de los padres, el de los amigos,
¿quién querría matar a la adolescente con nombre literario?. Su novio fue el
primero en darse cuenta que había desaparecido, el descubrimiento de
cadáver por un tempranero paseador de canes coincidió con la denuncia de la
familia: Su hija había desaparecido, jamás había faltado de casa toda una
noche, estaban muy asustados, habían llamado a las amigas, al novio, nadie
sabía donde estaba Lo li ta. El cabo de guardia del pequeño puesto supuso
travesura juvenil. Pero solo supuso durante media hora. El tiempo que
transcurrió hasta que una voz asustada lo llamó diciendo que su perro había
intentado hacer caca encima de una chica muerta. ¿Qué donde se encontraba,?
En el solar más famoso del pueblo, en el descampado del tío Eulalio. Que
debía su nombre a las ruinas de una casona antigua, situada justo en el
centro. Donde se metía toda la juventud con ganas de independencia y de
soledad, para beber, para fumarse un canuto, para echar un polvo rápido e
incómodo. Allí mismo estaba la muerta, con sangre, con mucha sangre y muchos
cortes, y muy muerta. Sobre todo, insistió completamente histérico, ¡está
muy muerta!.

En la sala de autopsias, el forense se dispuso a iniciar su trabajo. Los
ayudantes habían colocado el cuerpo de Lo li ta en la camilla, bajo los focos,
última actuación estelar de la niña mujer aficionada al teatro y a la
simulación de realidades paralelas. Bolsas en los pies, bata y guantes.
Guantes dobles, guantes resistentes, el temor al Sida y a la Hepatitis se
manifestaba en los minuciosos gestos. La sangre seca se había convertido en
un barniz reseco y cuarteado que la cubría por completo. Desde la espesa
melena castaña clara, ahora convertida en un engrudo sangriento y peludo,
hasta el pecho que asomaba por la camisa rasgada, sin botones. La habían
degollado. Pero no contentos, la habían rajado y arañado todo el cuerpo,
ensañándose sobre todo en los brazos y las piernas. Esperaba que hubiese
sido después de muerta, nadie se merecía ese tormento.., tal vez su ex
mujer, pensó recordando la denuncia que había puesto la zorra por no pasarle
la pensión, probablemente le embargarían el sueldo. ¡Mierda administración!.
Los ojos de Lo li ta miraban sin ver, mirada opaca, mirada negra de los
muertos. Mirada de desesperación, los labios entreabiertos, susurrando un
último grito, tal vez llamando a mama de nuevo, tal vez volviendo a ser
niña. Tuvo que ser guapa, la costumbre de mirar fiambres le hacía adivinar
las proporciones, el colorido: una adolescente sana y atractiva. Una joven
muerta, los jóvenes no deberían morir, aunque algunos eran muertos en vida.
Zombies.

Las ropas se habían incrustado en el cuerpo, pegadas por el engrudo de la
propia sangre. Estaba muy fría, llevaba muerta más de doce horas. No podía
sacarle la camisa, la cortó con tijeras, se llevó piel por delante, vello
melocotón, esquivó pezón rosa pálido, albo, blanco sin sangre. Las piernas
rígidas se negaban a desnudarse. El pantalón negro solidario con la camisa,
tuvo que ser despiezado, las braguitas olían, la última humillación, el
miedo, los esfínteres sueltos. Que pena, que pena, que pena, chiquilla. ¿Qué
pensabas mientras te meabas encima? . ¿Pensabas o eras un animal acosado,
sin inteligencia, solo intentando sobrevivir?

El cuerpo exangüe, sin sangre, vísceras rosadas se ofrecieron a la vista
cuando abrió la caja torácica. Antes había tomado muestras de uñas y
cabellos. Observó las señales, los moretones de los brazos, de ambos. Habían
tenido suerte, tenían huellas frescas de resecos asesinos.

Decretado secreto sumarial.

Los dos adolescentes confesos y culpables fueron puestos a disposición
judicial. Pareja asesina, sin remordimiento, sin agallas, sin fondo. En
seguida confesaron, deseando vomitar la bilis, niños esto no es un juego,
casi escupió la detective asqueada ante la cobardía, ante el regodeo
infantil. Prefería mil veces mil, mil millones de azucarillos dobles,
cualquier otro culpable. Se parecían a sus raros hijos, tan normales los
culpables, tan siniestros, tan negros. Sin color como Lo li ta, que ahora
oscurecía en el depósito de almas arrebatadas. Color de la paja y luto
total, afterpunks reciclados, cabellos largos, los dos, enclenques, canijos.
Por eso mataron dos a una.

De espaldas no sabría diferenciar Alex de Ana, Ana de Alex. Los mira
de nuevo a los dos, ellos se miran las manos. La miran a ella. Se miran los
pies. Entre ellos no se miran. Se esquivan, tan juntos y tan lejos. ¿Lo sabe
Julio?, pregunta preocupada Ana. ¿Quién es Julio?, el novio de la Muerte, la
pareja del cadáver. Diecisiete años y un asesinato. Eran un cuarteto como
los jinetes del Apocalipsis. Ella estaba de acuerdo, ella quería morir, era
un juego, era el demonio. Fue un rito, era su personaje, la culpa la tenía
Ella. No tenía amigos, solo a nosotros y al estúpido de su novio, gimotea
Alex. ¿Quién es Ella?, pregunta la detective Toro. Lolabella se responde
,sin oírse, sin que la oigan, obsesionada por la novia de Pluto, ¿o era tal
vez la burra con sombrero?, personaje preferido de su hija, la pequeña, la
de seis años.

La matamos, pero se dejó. Podríamos haber sido cualquiera de nosotros,
uno de los tres debía morir. Lo sorteamos, alguien debía morir. Era
necesario, era mala, era una bruja escupe Ana. Drogadictos de aspirina y
Kalimocho, futuros propietarios de ulceras duodenales, niños sin cabeza,
adictos a juegos de Rol, a tablas de Ouija, a excusas psicópatas. ¿Quién la
pinchó?, los dos, lo hicimos los dos, como en aquella película, la del tren
siberiano, todos matan. Nosotros la matamos con navajas de Albacete, con
cuchillos paneros.. Ella estaba de acuerdo. Lloran , lloran a la vez, pero
no pronuncian su nombre, Lola, Lo li ta, María Dolores.

¡Que fea es la muchacha Ana!, ¡que repulsivo el muchacho Alex!, ¿qué
hacía una flor de té con semejantes adefesios?. Le gustaba lo paranormal , y
a sabe, hacíamos espiritismo, convocábamos espíritus con el vaso , lo de las
tijeras también, pero preferíamos lo del vaso, asustaba más. Teníamos un
juego preferido. Un juego moderno, un juego que cuesta un montón de pelas..
¿Y su novio no se enfadaba?, a veces. Ultimamente ella lo quería meter en
el grupo, le dijimos que no, era un pijo de mierda. ¡Calla!, no es mal
chico, pero ella lo dominaba, defiende Ana.

Eramos cazavampiros, uno de nosotros estaba poseído. Recurrimos a las
cartas, a la Ouija, a las tijeras, Ella era la mala, Ella debía morir. Se lo
dijimos, estuvo de acuerdo, resucitaría viva, sana, sin el demonio que la
poseía y que le susurraba que abandonase el grupo, los ritos, el Juego.
Ella quería abandonarnos, por un cuarto, cuarto en discordia, mejor ser la
santísima trinidad o pareja de ases. Pero nunca cuatro. Al final se
resistió, le hacíamos daño, pero era necesario. Purificación, penar la
traición. Se meó encima. No pudimos cortarle la cabeza, no rebanaba bien el
cuchillo, es la única forma de acabar con un vampiro, separando la cabeza
del cuerpo, pero no pudimos. ¿Y luego?. Nos fuimos, era tarde y habíamos
quedado. Yo pasé la noche con Julio consolando el plantón, susurra Ana. Yo
me emborraché con Juanma, un colega del insti, era viernes, es lo normal
¿no? explica Alex. La detective Toro se asquea y saborea la bilis amarga en
su garganta. Ayer también bebió mucho.

Lo li ta esta guapa, se mira en el espejo y se ve guapa. Le favorece el
negro, resalta sus ojos verdes, las ojeras que se pinta con cuidado para
ocultar la lozanía de su cara. Hoy es viernes, jugará de nuevo con los
raros. Pero será la última vez, ha aceptado someterse a un exorcismo para
que la dejen en paz. Ya no quiere salir con ellos, ya no quiere continuar
pasando miedo con la Ouija, solo quiere ver a Julio. Son las siete de la
tarde, ha quedado a las diez. Tiempo de sobra para librarse de los colgados
de sus amigos, últimamente están muy raros, mas de lo normal es decir,
escribe en su diario, inocente, confiada en su juventud, en su belleza. Por
fin se integraría en la clase, con la gente normal, odiaba que a su padre le
trasladasen cada dos por tres. Siempre hacía amistades extrañas con otros
solitarios. Pero esta vez no. Esta vez sería normal. Estaba deseando ponerse
el vestido rojo que le había regalado su abuela.

Han quedado donde el tío Eulalio. Es invierno y es de noche, le
asusta la oscuridad, su melena ondea agitada por mano blanca de dedos
esmaltados con violetas. Siempre se toca el pelo cuando se pone nerviosa.
Ahí están, puntuales, hola Ana, hola Alex, ¿preparados? Pregunta ansiosa por
terminar. Sonríen y sonríe, sonrisas compartidas, sonrisas salvajes que
anuncian muerte en voz bajita. Vamos a la vieja casona, lo haremos allí,
decide Ana, estirando de Alex, renuente, tal vez arrepentido.

Lo tenían todo planeado, lo tenía todo pensado, desde que se enteró que
salía con Julio. Su Julio, que jamás la había mirado, años y años
compartiendo pupitre obligados por apellidos sucesivos, años y años amándole
en silencio, como la canción aquella que canta su madre cuando limpia la
casa. La cara le cambia, los rasgos se le endurecen, jamás ha odiado tanto a
nadie como odia a Lola, tan guapa, tan dulce, tan lista. Le pasa la botella
a Alex, completamente desquiciada, Lo li ta se asusta, ¿no os estáis pasando?,
¿qué habéis tomado?. Nada, cerveza y eso, consuela Alex sintiendo el efecto
del cóctel de fármacos y alcohol en las yemas de sus dedos , la toca, toca
su brazo, ¡que suave es su piel!. Ya están, ya han llegado, arropados por
las sombras, protegidos por muros semiderruidos, rodeados de condones
usados, de jeringuillas, de suciedad social.

¡Que noche más oscura Lolilla!, ni una estrella que reflejen tus ojos, ni
una esperanza a la supervivencia. El amor despechado, el odio, la
psicopatía...la razón más antigua del mundo, el amor no correspondido te va
asesinar. Disfrazado de juego moderno, disfrazado de culto satánico,
disfrazado de Muerte, el despecho te arrebatará la vida.

Lolissima, burla Ana nombrándola, ven a lo oscuro, déjate llevar.
¡Alex agarralá!, no se escape, no huya. ¡ No dudes !, se ha burlado de ti ,
¡es una puta¡, ¡cogelá!. Tararea como una loca, la arpía disfrazada de
niña, mientras empuña la navaja barbera, la navaja con denominación de
origen :.."cruz de navajas por una mujer...". Lola llora, Lola grita, Lola
siente el cuchillo, dolor, dolor, dolor, siente las heridas, su carne
abierta, miedo, miedo, miedo, en sus brazos, sus piernas, no se sostiene en
pie, muerte, muerte, muerte. Le han cortado los tendones pero ella no lo
sabe, reposa sobre los desperdicios y la inmundicia, inútil como una muñeca
quebrada, grita y grita y grita hasta que le meten algo en la boca. Se
ahoga. Sufre, le duele. Se muere. Se le escurre la vida, haciendo charco
bajo de ella.

¡Córtale el cuello Alex!, pero el muchacho no se atreve, solo mira
el bello pecho ensangrentado, el pecho plumón de joven paloma. La última
ofensa de Lo li ta, exhibir impúdica su belleza , absorbiendo por ultima vez
la mirada admirativa de un muchacho, antes de que Ana le rebane el cuello.
Como si fuera una barra de pan, ras ras ras ras ras. Se cansa pronto, es
dificil cortar una cabeza con un cuchillo panero. La mira muerta y se alegra
, insiste un poco más, ras ras ras ras, No puede llevarse su cabeza,
desespera , pero no insiste más.

Esta noche ella consolará a Julio. Pasa la botella a un Alex
vidrioso, guarda la navaja y el cuchillo en el macuto, se contempla las uñas
ensangrentadas, carcomidas por los nervios, por la envidia , por los
celos... Se vuelve y mira la sombra de Alex, es tarde ya, le dice, vamos a
mi casa a lavarnos esta mierda.


Alissia (@ 1999)
Editado por fw el 04-09-2008 17:02
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