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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Sebastián - La trilla, hacia el año 50
fw
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Localización: Madrid, España
Registro: 25.06.08
Publicado el 07-02-2010 18:31
Voy a contar cómo era por aquí la trilla del grano hacia el año 50, es decir, cuando yo tenía dieciséis o diecisiete años. Y que nadie tome esto como "literatura". Es pura información, otro cuadro de la vida de uno. Voy a dedicar esto a quienes no hace mucho me han mostrado una placentera benevolencia o, al menos, una práctica y confiada proximidad también estimable. Quiero decir a todos, pues, aunque lo que presento tampoco valga la pena.

- - - - - - - -

Habré de pasar asuntos de decisiva importancia mediante breves alusiones,

con la intención de pararme en algún otro. Y recuerdo:

Me llamaba mi padre a eso de las cinco y media, y te levantabas pensando que, otra vez, era día de trilla. La tarea empezaba transportando a la era las gavillas que había que trillar aquel día, lo que con frecuencia debíamos hacer, con el carro y el mulo (¡el mulo!), desde fincas distintas, quizás lejanas a la de la era. El carro parecía, con una carga tan voluminosa (¿una veintena de gavillas?), una catedral desplazándose. A eso se le llamaba "garbejar", de "garba" (gavilla"). En castellano veo que es "barcinar"...

Corramos. Las gavillas se abrían y extendían sobre la era, a fin de que el sol tostara durante un rato tallos y espigas. Luego empezaba la trilla.

En la trilla eran tres: el mulo, al que se había puesto anteojeras (vulgarmente "cucales"); el "carretet de batre" (¿"carretilla de trilla"?), pieza cilíndrica -o algo cónica- generalmente de piedra y con espesos salientes angulares, que rodaba tirada por el mulo; y el hombre, que comandaba el asunto desde el centro de la era. Pongamos ahora algo esencial: ese hombre cantaba. Se oía, yendo por ahí, el cante procedente de una u otra era, siempre el mismo, yo diría que un cante árabe, moro. Las canciones de ese cante eran de todos y de la trilla, eran canciones conocidas. Éramos tres hombres, en el modesto caso que recuerdo; éramos el abuelo, mi padre y yo, y entrábamos en acción uno tras otro mientras los otros dos se guarecían a la sombra de un gran algarrobo vecino de la era. Recuerdo al abuelo cantando, herido por el sol y heroico, sobre la era; recuerdo a mi padre. Y ahora confieso que, sin entusiasmo y algo titubeante, también cantaba yo. ¿Canciones? Nada. Valía el tono, que creo servía para animar a la bestia y "colocar" debidamente, quizás al hombre. Pero pongo una:

"Si no fos pe's carretó
(Si no fuese por la carretilla)

que va darrera, darrera,
(que va detrás, detrás,)

no hi hauria cap somera
(no habría burra alguna)

que batés un cavalló."
(que trillara un tresnal.)

Ya ven Vds. que no había escapadas metafísicas. Pero abreviemos. Después de convertir las gavillas en paja y grano, todo ello se aventaba con consumadas técnicas, a veces con vacilante ayuda por parte del viento. He de recordar que éste era el momento propicio para que se metieran entre cuerpo y camisa, y se pegaran con el sudor, partículas de paja que se recibían como parte conocida de todo aquello.

Al final quizás había dos sacos de grano, de trigo, que se llevaban a casa y se subían a los graneros. Mientras la paja -¡otra vez la paja!-, con grandes lienzos se subía al pajar. Era el anochecer cuando la jornada se daba por acabada, una más entre la sucesión que se dedicaba a la final recogida de la mies.

Para prevenir errores, he de advertir que por entonces los tiempos modernos ya se habían disparado. Estaba la radio, había coches y motos, además de aviones, por no hablar de películas llegadas de fuera que nos colocaban ante un abismo parecido al de los sueños.

Sebastián.

PD.- En el caso de contestar, se ruega hacerle a esto un quoteo rápido y sin piedad...
fw adjunta la siguiente imagen:

Editado por fw el 07-02-2010 18:31
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fw
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Publicado el 07-02-2010 18:58
jorfasan
Cuéntate algo sobre la comida, las comidas. que se llevan a cabo en estos faenamientos. Pocas sensaciones tan rotundas (para una persona de ciudad) como el almuerzo tras una jornada exigente de trabajo en el campo y, en especial, de las cosechas que, será cosa del recoger fruto el fruto, son vividas con intensidad particular. ¿Llevábais la comida vosotrso o bien os la acercaban? El fruto preso en el saco. Las horas de la verdad. La ansiedad deja de temblar con las manos llenas.



Seb
A ver. En las comidas ordinarias de por aquí entraba una parte substancial que procedía de la matanza del cerdo (que tenía lugar en todas las familias y de la que se sacaban embutidos de diversas clases, tocino, lomo, huesos con algo de carne...). Al trabajo solíamos llevarnos, si íbamos a comer en el campo, comida fría compuesta de pan y dos elementos, normalmente, de los mencionados (sobrasada, "camallot", tocino -o también huevos duros, aceite-). Sin duda era una comida muy generalizada. Si era invierno o nos apetecía, encendíamos fuego para asar aquello. En el tiempo de la mies -en la siega o en la trilla-, la cosa cambiaba. Era como si aquel trabajo exigiera una comida más completa. Recuerdo haber oído decir a mi padre: "En temps de messes, feina a esclatar i menjar a rompre" (En el tiempo de la mies, trabajo y comida en desmesura). Yo recuerdo que, siendo aún niño y estando de vacaciones, mi madre me mandaba a la era -que estaba, yendo a pie, a unos veinte minutos del pueblo-, con comida caliente para mi padre, o para el padre y el abuelo. Y cuando ya trabajaba, mi madre nos preparaba todo, con las instrucciones oportunas, para hacer un plato caliente al mediodía, delicada labor que mi padre oportunamente me mandaba llevar a cabo. Cuando había trilla y estaba el abuelo, no era raro que vinieran mi madre y mi abuela a pasar el día en la finca, que contaba con una caseta muy rústica pero con chimenea y hasta con cisterna. Allí ordenaban un poco las cosas y hacían, por supuesto, la comida. Esos platos de "caliente" debían ser algo particulares, pero sin duda eran los comunes en el pueblo. Podía tratarse de cereales o pastas (fideos, "burballes" [tallarines], arroz) o de legumbres (garbanzos, judías, lentejas, habas). Pero lo decisivo era el modo de cocinar todo esto, que daba a cada plato un nombre y un sabor peculiares que hoy me parecen perdidos. Bueno: tras ese plato caliente podía finalizar la comida, en el campo, con algo de pan y cerdo... Creo que esa forma de comer y ese tipo de comidas era cosa sencillamente generalizada.

Y esto es lo que había, Jorfasan

Sebastián
Editado por fw el 07-02-2010 19:05
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PublicaRE: © Sebastián - La trilla, hacia el año 50
fw
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Publicado el 09-02-2010 22:26
Sebastián
Voy a contar cómo era por aquí la trilla del grano hacia el año 50, es


Sap
Como lector, uno aspira a la sencillez y sobre ello es un buen ejemplo lo que has escrito (iba a decir MUY buen ejemplo, pero lo mismo el Jorf me se solivianta un poco :-)))) Leer en este registro nunca cansa y siempre sabe a poco. Supongo que es el origen a las preguntas posteriores que se te han planteado.

Lo que cuentas del cante me recordó a aquel programa que ya hemos comentado
alguna vez, a "Raíces", donde en su cabecera tal vez y en un episodio, un
labrador mallorquín cantaba al arar con una mula una especie de salmodia que
se fragmentaba con un continuo "ye ye ye ye ye..." (no confundir con los
beatles cuando cantaban she loves you). Tal vez lo recuerdes también.
Sobre trillos poco puedo decir que no sea comentar los que se exponen en el
Museo de Artes y Costumbres Populares, un lugar tan interesante como poco
conocido de esta ciudad. Allí, en la enorme sala dedicada a la agricultura
del cereal se exponen, como digo, varios trillos andaluces entre los que
destaca para mi gusto uno donde la madera ennoblecida por la labor está
"empedrada" de lascas de pedernal (sílex) y que aún estaba en uso a mediados
del s. XX. Supongo que era un diseño que no había variado un ápice desde los
tiempos tartésicos. Hay otro con garfios de hierro, otro con una silla de
anea incorporado... En todo caso, es un mundo este de trillos, eras y
gavillas, que sólo me ha llegado por muy tangenciales referencias maternas.
Y ya que Jorfasán te preguntaba por los asuntos alimenticios, me gustaría
hacerlo por otro no menos interesante, los asuntos idiomáticos. ¿Cómo fue en
ese ámbito tu conocimiento del castellano? ¿cómo y de qué manera irrumpió en
el Sebastián niño y qué supuso, o qué tuvo de obligación o de extrañeza?
¿cómo fue la relación con la lengua que no era la doméstica? Seguro que lo
que cuentes tendrá mucho interés, Seb.
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