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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Gsmiga - MAR DE MUERTE
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Registro: 21.07.08
Publicado el 14-10-2009 18:34
MAR DE MUERTE




Del diario del teniente primero Minoru Naoya, a bordo del Mushasi.


20 de octubre de 1944.

Amada Keiko:

Agradezco a los dioses su beneplácito al hacernos padres de nuestro primer hijo. La noticia de su feliz nacimiento me sorprendió a bordo de nuestro Mushasi, fondeado en la bahía de Suruga. Me apresuré a dirigirme al santuario de Shimizu para hacer votos por su salud y felicidad, consciente de mi obligación de presentar mis respetos a los espíritus del Shinto, prometiendo educar al pequeño Akira en las tradiciones de nuestra familia, al servicio del Emperador.

No pude responder a tu comunicación por existir la orden de silencio total de nuestra radio, y la prohibición expresa de utilizar las vías telegráficas y telefónicas por necesidades estratégicas.

Ahora llevamos una semana en alta mar, y me decido a escribirte estas líneas para confiarte mis sentimientos, mi dulce esposa. No sé si llegarás a leerlas, dado el peligro de nuestra misión, pero si no vuelvo a verte, al menos podré confiar al papel todo lo que llevo en mi corazón, y dejar al destino misericordioso el ignorado camino por el que pudiesen llegar a tus manos. He hecho los arreglos necesarios con mi compañero Kaneto Shindo, para que el que sobreviva de los dos, se encargue de hacer llegar a las familias nuestros últimos pensamientos. Nuestro designio es atraer a la flota yanqui a una batalla de destrucción definitiva que consiga eliminar su dominio en el mar y facilitar a nuestras armas la victoria final contra los diablos occidentales, enemigos de nuestro Imperio.

Amada mía, no he podido dejar de pensar en la dulzura de tu rostro cuando me hiciste saber que íbamos a tener un hijo. Cuando fuimos a hacer los votos ante los dioses inmortales, admiré la pureza de tu figura, el candor de tus palabras y la fe inquebrantable que expresaste en nuestro futuro común, que ahora se ve perpetuado en nuestro pequeño hijo, que lleva el nombre de mi difunto padre, como señal honrosa de la estirpe a que pertenece.

Todo me impulsa a cumplir con mi deber para con los dioses y el Emperador, seguro ya de dejar la huella de mi paso por el mundo, y confiado en tu amor y la seguridad de que educarás al pequeño Akira en la senda recta del samurai, sin temor ni esperanza, únicamente atento al servicio de nuestro país, al que reverenciamos hasta el final. El recuerdo de nuestros días y nuestras noches inflama mi corazón, hermosa Keiko, y me hace sentirme afortunado por haber logrado todo lo que un hombre honorable puede desear. Así, la muerte, si llega, será apreciada como el bello final de una vida cumplida al servicio de mi patria.
Recibe todo mi amor.



22 de octubre de 1944.

Mi dulce esposa:

Seguimos con las radios en silencio para no dar ninguna indicación al enemigo de nuestra derrota. Nuestro Plan de Victoria Uno, tratará de hacer creer a nuestro enemigo que puede alcanzar una gran victoria sobre nuestra Armada Imperial. El honorable almirante Ozawa servirá de cebo, mientras nuestras tres divisiones a cargo de los honorables almirantes Kurita, Nishimura y Shima se encargarán de sorprender a los desprevenidos yanquis y aplastarlos en el momento en que crean que van a exterminar a Ozawa.

Nuestro Jefe de la Flota Combinada, honorable almirante Soemu Toyoda, nos ha advertido del gran riesgo que debemos arrostrar, con serio peligro para nuestras vidas y nuestros barcos, y nos estimuló a cumplir hasta el final con las órdenes recibidas. Todos estamos convencidos de que la lucha será sangrienta, y ofrecemos a los dioses y al Emperador el sacrificio de nuestras vidas con ánimo sereno y alegre.

Recuerdo nuestra despedida en nuestra casa de Nagoya. Me miraste profundamente, tanto como jamás me sentí contemplado en mi interior por nadie. Luego me dijiste que confiabas en mí, que me amabas y que aceptabas mi sacrificio por el bien de nuestro país. Y cuando me serviste el té, me confesaste tu alegría al conocer que tu padre me había elegido para ser tu esposo. Esa noche nos amamos Keiko, y en medio de nuestra pasión me confiaste tu dulce secreto que contribuyó a dulcificar mi alejamiento. Ahora sabía por ti que iba a ser el padre de nuestro Akira, lo que me hizo exultar de alegría y emoción.

Fueron demasiadas revelaciones en muy poco tiempo. En los dos años que duraba nuestro matrimonio jamás me habías confiado tus sentimientos cuando fui designado como tu prometido. Creía que nuestro amor se iría cimentando con la convivencia, tal y como había oído decir que suele ocurrir.

No puedo ocultártelo, amada esposa, pero al confiarme dulcemente tu favorable disposición hacia mí, me hizo sentirme mejor de lo que siempre creí ser. ¿Por qué lo callaste durante tanto tiempo? Te confieso que hubo un instante en que creí que me abrías tu corazón para dulcificar mi partida, para brindarme un recuerdo amable al que recurrir cuando el desánimo se aferrase a mi espíritu. Pero, aunque así fuese, no dejaría de ser deudor de tu benevolencia hacia mí, que suavizabas así, con el único medio a tu alcance, la aspereza de mi partida hacia un destino incierto. Sin embargo, cuando me dijiste que me amabas desde el comienzo, me mirabas al fondo de mi ser, y supe que no era un simple deseo de agradar el motivo de tu confesión.

Mi hermosa Keiko, debes saber que sentirse amado es el jalón definitivo en la existencia de un hombre. No sabemos expresar nuestros sentimientos, pero los conservamos en nuestro interior, y afloran cuando nos encontramos más abandonados a nuestra suerte. Entonces nos ayudan a superar las circunstancias más penosas y elevan nuestro espíritu.

Que los dioses sean contigo, amada Keiko, y con nuestro pequeño Akira.




23 de octubre de 1944.


Amada Keiko:

Desde las dieciocho horas cumplo mi turno de guardia en la cámara de derrota. Ahora son las veintiuna, y nos aproximamos a las Palawan, que rebasaremos para caer desde el noroeste en el mar de Sibuyan. Nuestra fuerza de superficie es avasalladora, el honorable Kurita dirige nuestros 5 acorazados, 12 cruceros y 13 destructores, con los que esperamos eliminar a los diablos yanquis de una vez para siempre. Confiamos en la fuerza de distracción del honorable Ozawa, con sus 6 portaaviones, 3 cruceros y nueve destructores. Es lamentable que los portaaviones carezcan de aparatos, lo que hace temer por su suerte, pero es importante que toda la fuerza es consciente de que su objetivo es ejercer de señuelo y está dispuesta al sacrificio por nuestro Japón inmortal.

Por lo demás, nuestras radios siguen en silencio buscando la deslocalización por parte de la flota yanqui, para causar la sorpresa mortal que aguardamos con ansia.

Mi dulce esposa, cuando ayer me retiré a mi cámara luego de cumplido mi servicio, tuve el consolador pensamiento de que ocurra lo que ocurra, tú serás el sostén de nuestra familia y encaminarás a nuestro pequeño Akira por el recto camino del kodo-ha, que ha de regir sus actos durante toda su existencia.

Como el sueño no velaba mis ojos, me entretuve leyendo el delicioso regalo que me brindaste al despedirnos. Me admiré de la hermosa literatura de la inmortal Murasaki no Shikibu, que desgrana estampas tradicionales del Japón del período Heian con incomparable maestría en su Genji Monogatari. Al final, con el espíritu descargado de inquietudes, pude conciliar un sueño reparador. Lo que me permitirá velar hoy toda la noche cumpliendo mi cuarto de guardia.

Ahora debo dejarte, pues se ha manifestado la presencia de al menos dos submarinos enemigos que siguen nuestra derrota. Mi comandante Takijiro Kobayashi ha pedido permiso al almirante Kurita para advertir a la flota del seguimiento que sufrimos. Rogamos a los dioses que se nos permitan utilizar los medios de comunicación habituales para perseguir a los osados yanquis y exterminarlos. Mi comandante cree que no tiene objeto mantener el silencio si ya nos ha localizado la fuerza enemiga.

Te amo, Keiko.




24 de octubre de 1944. Después de medianoche.


Amada mía:

Repentinamente las radios han entrado en funcionamiento. Hace apenas una hora que rebasamos Palawan, y ya hemos sufrido dos ataques con torpedos de submarinos enemigos. Nuestra formación se ha deshecho y los destructores se han apresurado a tender una madeja protectora sobre nuestras grandes unidades. Ha sido atacado el buque insignia Atago, seriamente dañado. Ahora mismo el operador de radio nos da noticia del ataque al crucero Maya, que ha sido alcanzado con daños importantes. Al parecer son dos sumergibles yanquis los autores de nuestras desgracias. Y mientras escribo esto, nos llegan noticias del ataque al crucero Takao, que ha sido tan seriamente averiado que se dispone su regreso a Brunei, escoltado por tres destructores.

Debo dejarte, amada esposa. Mis deberes me impiden continuar.




8.00 del 24 de octubre.


Mi dulce esposa:

Con amargo pesar hemos contemplado el hundimiento del Atago y el Maya. El honorable Kurita ha debido traspasar su insignia al acorazado Yamato, precisamente en los momentos en que entramos en el mar de Sibuyan, y al tiempo que nuestra radio ha interceptado comunicación enemiga dando cuenta de nuestra localización. Ahora deberemos aprestarnos para sufrir y repeler los ataques de la aviación yanqui. Ruego a los dioses que nos den fuerza para reñir una batalla decisiva, sin importar ningún sacrificio que nos sea impuesto.

En este momento, se acaba de recibir un radiograma del honorable Toyoda ordenando atacar sin tregua al enemigo y destruir su concentración en la costa de Samar. Antes deberemos exterminar a los aparatos del portaaviones yanqui Intrépido, que nos acosan sin tregua.

Debo proseguir con mis obligaciones, pero no sin decirte que tu recuerdo me anima a cumplir mi destino hasta el fin.




10,30 horas del 24 de octubre.


Desde las 8,30 nos acosan los aparatos del Intrépido y el Cabot, que han inflingido severo castigo a nuestras unidades. El Yamato ha sido alcanzado, aunque continúa en línea, lo mismo que el Myoko, con una bomba blindada estallando en la amura de estribor... También ha sido tocado nuestro Mushasi, que está combatiendo en estos momentos con todos sus efectivos la oleada de aviones que nos asalta...




11,15 horas del 24 de octubre.


Acabamos de recibir un torpedo cerca de la sala de máquinas, y dos bombas blindadas cuyos cascotes ha perforado nuestro blindaje y arrancado la cabeza de mi comandante Kobayashi, que estaba a escaso metro y medio de distancia corrigiendo la trayectoria de nuestro buque, que debe maniobrar en zig zag para evitar en lo posible el salvaje ataque enemigo.

Nuestra fuerza ha resistido el ataque conjunto de 260 aparatos enemigos que la han desorganizado y dañado, aunque la mayoría de las grandes unidades se muestra en posición de combatir al cien por cien...




12,10 horas del 24 de octubre.


Esposa mía:

Acabamos de recibir orden de retirada. Nuestro Mushasi ha perdido fuerza de propulsión al estar dañadas sus máquinas y destruida su cubierta posterior. Ahora mismo se ciernen sobre nosotros nubes de aparatos procedentes de otros dos portaaviones yanquis, el Franklin y el Enterprise, que aprovechan nuestra lentitud y escasez de defensas para aplastarnos con su poderío...

¡Oh, esposa! Ha llegado el final, estamos recibiendo impactos continuos, y ahora mismo hemos sentido un trueno debajo de la cubierta inferior y nuestro buque se ha detenido. Nuestro fuego antiaéreo ha cesado casi por completo, y nuestro Mushasi se ha parado. Abandono mi puesto donde ya no soy útil, y me dirijo a la cubierta principal a cumplir con la misión que allí se me encomiende. Todo será por nuestro amado país y por su Imperio inmortal...

Estoy en cubierta, Keiko amada, me encargo de una pieza antiaérea que manejan dos marineros veteranos...No cesan de caer proyectiles sobre nosotros... Los aviones enemigos tejen una siniestra tela de araña sobre nuestro Mushasi, completamente inmóvil ante el diluvio mortal que nos acongoja.

Mi último pensamiento es para ti, Keiko, y para nuestro Akira, al que los dioses protejan y orienten en su vida. No cesamos de disparar sobre las punzantes abejas que nos clavan, inmisericordes, sus aguijones.

Adiós, mi dulce esposa....




El teniente primero Minoru Naoya murió reventado por el impacto de una bomba blindada que cayó en la cubierta del Mushasi, a escasos cinco metros de su puesto artillero.

Ante el acoso americano, Kurita ordenó virar a su flota, alejándose de los portaaviones que lo masacraban. Aguardó hasta las 17,15, y ordenó tomar rumbo hacia el Estrecho de San Bernardino.

El Mushasi se hundió a las 19,30.




© Gsmiga
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12/12/2009
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