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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Geode - CONVERSACIÓN CON THOR
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Registro: 21.07.08
Publicado el 23-03-2009 12:40
CONVERSACIÓN CON THOR




Las reacciones de Ben, y en general, su comportamiento, no puede entenderse en un contexto de persona corriente. No es que Ben no sea un hombre corriente. Realmente, lo es. Y no digo corriente en el sentido del hombre promedio, sino que es algo más, según creo. Ben no es una persona especialmente estudiosa. Hizo estudios criminología y se metió en la policía para seguir los pasos de su tío Nat, una figura que le inspiraba mucha admiración. Solo podrías entender a Ben, si conocieras los problemas que tuvo de casado. Pero, algo de esta experiencia lo sabemos por las charlas que tuvo con su amigo Thor, un médico forense con el que solía tener largas conversaciones en un bar.

Estaban con una jarra de cerveza, en un día caluroso, charlando. No era fácil arrancarse a hablar sobre estas cosas, algo escabrosas. Pero Ben deseaba aclararse con lo que le había pasado. Deseaba volver a casarse, pero tenía miedo a volver a equivocarse. Thor era casi un extraño para Ben, pues solo se conocían de unas pocas ocasiones en que lo visitó en la sala de autopsias, con motivo de algún caso criminal. Esto ocurría cuando su jefe estaba impaciente por tener noticias adelantadas sobre el informe del forense. Empezaron a hablar discretamente, con cuidado. Y Ben empezó por con confesar que le avergonzaba hablar de cuestiones sexuales con las mujeres, pues eran muy pudorosas. Parece que a ellas les espanta hablar de estas cosas.
- Es muy difícil hablar de ciertas cosas con ellas. -dijo Ben.
- Las chicas "decentes" no hablan de asuntos sexuales con los hombres, -dijo Thor.
- Ya lo sé.
- Tal vez, ni siquiera lo hacen entre ellas mismas.
- ¿Tampoco entre ellas?
- Algo se dicen. Seguro que se cuentan algo, pero lo hacen usando eufemismos.
- ¿Eufemismos?
- Sí, alusiones. No dicen las cosas directamente, sino de un modo velado, indirecto.
- Probablemente. No sé de que hablan las mujeres entre ellas.
- ¿Cómo crees que empezó todo? -preguntó Thor.
- ¿A qué te refieres?
- A tu noviazgo.
- De novios... pues de novios, era muy complicado meterle mano.
- No se dejaba.
- Ni un poco. Era una lucha constante, que siempre quedaba en tablas.
- ¿En tablas?
- Yo lo intentaba una y otra vez, pero no conseguía nada. Ella se enfadaba mucho.
- ¿Y tú?
- Yo también me enfadaba, claro.
- ¿Y no conseguías tocarla?
- Bueno, eso sí. Pero con extremas dificultades. Era como si la mortificara, o algo así.
- Se me ocurre algo.
Hubo una pausa. Ben se quedó pendiente de las palabras de Thor.
- No estoy seguro. Digamos que se trata de una intuición.
- De qué se trata.
- Digamos que la mujer... en general todas, pero a unas les afecta más y a otras menos... se trata que... de una parte lo desean. Desean que el novio las desee. Que quiera tocarlas. Eso parece lo más lógico. Ellas desean tener un novio, un marido, etc. Ser una mujer y que no ser deseada por los hombres en general, tiene que ser un tanto frustrante.
- Sí, claro. Pero puede haber casos raros.
- Eso es. Digamos que la sociedad les ha prohibido ciertos tocamientos, ciertas confianzas, etc.
- Sí, claro. Es así.
- Pero, el hombre no está tan inhibido. Le han educado para que sea atrevido, para que intente romper esas barreras artificiales.
- Parece lógico.
- Luego, ellas saben que un hombre solo es interesante si las desea. Si ese hombre intenta romper las barreras que la sociedad ha creado. Un hombre que mostrara indiferencia, que no mostrara un vivo interés en romper la barrera de lo prohibido, no sería un novio interesante. Ella podría pensar que a un hombre así no le gustan las mujeres.
- Sí, claro. Sigue.
- Entonces, digamos que la mujer siente cierto placer... cuando él lo intenta, cuando él la toca, la palpa, o cuando él intenta besarla, a pesar de lo mucho que protesta, porque los pueden ver y todo eso que se dice.
- Sí, eso lo entiendo. Ellas protestan.
- Eso es lo que la sociedad espera de ellas. No se espera que ellas se lo pongan fácil al chico.
- Entonces ¿se enfadan de mentira?
- No necesariamente. Se enfada, porque es su obligación enfadarse. Pero lo pasa bien, y está encantada de que tú no te rindas, sino que tratas de hacerlo una y otra vez, a pesar de todo el follón que ella te arma.
- Hasta ahora lo entiendo. Y luego, ¿qué pasa?
- Pasa algo muy simple. Que ella se acostumbra a que las cosas van bien así, porque tú no tiras la toalla, que sigues erre que erre, tratando de tocarla por esta parte y la otra. Ella se enfada mucho, pero lo pasa bien, porque esos toqueteos le producen placer.
- O sea que todo esto es una contradicción.
- Creo que sí. Una contradicción. El caso es que eso no solo le afecta a ella. Sino que te afecta a ti igualmente. Te acostumbras a reñir, para tocarla, por tratar de hacer lo que tiene que hacer un hombre con una mujer.
- No lo entiendo.
- Esa costumbre de novios, fue con vosotros a la boda.
- ¿Qué quieres decir?
- Los dos os acostumbrasteis a la idea, de que todo eso de reñir por estos asuntos del magreo, era lo más normal del mundo.
- Bueno. No estoy de acuerdo. Reñir un poco vale. Eso tiene un pase, pero poco a poco la cosa se fue poniendo cada vez peor. Las broncas cada vez eran más potentes, y la irritación crecía. Llegamos a insultarnos. -dijo Ben.
- Eso tiene su explicación. Te voy a hacer una pregunta técnica. ¿Puedo?
- Adelante.
- Ella... ella sentía placer... ¿un placer intenso... cuando lo hacía?
- Te refieres... ¿ya de casado?
- Sí, claro; de casado.
- Pues claro, se ponía como una loca a dar alaridos. No creo que fuera fingido.
- Digamos que eso será normal. No se sabe. Puede gritar porque oyó a alguien decir que eso es lo que se tiene que hacer durante el coito. O puede ser que grite solo cuando tiene el orgasmo. Aunque hay muchas mujeres afirman que nunca han tenido un orgasmo en su vida, y otras dicen que solo los tienen ocasionales.
- ¿Solo tienen orgasmos ocasionales?
- Eso dicen. Las que confiesan tal cosa, no tienen conciencia de que sea vergonzoso tener orgasmos. Tal vez se atrofió la parte del cerebro que debía hacer tal conexión, la del orgasmo con el acto mismo.
- ¿Pero como puede ocurrir eso? ¿El no tener orgasmo?
- Hay hombre que tampoco lo tienen, aunque es algo más raro. Igual que algunos no tienen poder de erección. Son cosas diferentes, tener deseos, tener una erección, tener placer en el pene durante la copulación, o en la simulación del coito que es la masturbación y tener orgasmo. A un hombre le puede fallar todo eso, deseos, erección, placer y eyaculación.
- Pobre diablo.
- Sí claro. Ese es uno de los placeres más importantes de la vida.
- Ya. Bueno, a mi lo que me intriga es... ¿por qué ella solo aceptaba hacerlo tras una fuerte discusión próxima a una pelea física?
- Podría ser un condicionamiento operante.
- ¿Qué demonios es eso?
- Veo que has leído poca información científica. A ver, lo más antiguo es el experimento de Paulov y su perro. ¿No lo has leído? Es un clásico.
- ¿Un clásico de qué?
- De la biología experimental. Fines del Siglo XIX Pero hay cosas más modernas, los experimentos de Skinner con ratas. No sé si has visto alguna vez... los experimentos de conducta que se hacen con ratas de laboratorio.
- No, no los he visto.
- Se tiene a una rata pasando hambre diez o doce horas, y luego se la mete en una jaula especial para hacer una demostración a los alumnos.
- ¿Una rata? ¡Qué asco!
- Bueno, en ocasiones se usa una paloma. Al animal lo han dejado pasar hambre. Y para conseguir una insignificante bola de comida, tiene que hacer alguna cosa arbitraria que se les pasa por la cabeza.
- No lo cojo.
- Primero se decide que quieres que haga la paloma. ¿Entiendes?
- ¿Quién lo decide?
- Cualquiera. Da lo mismo quien lo decide. Uno dice, la paloma dará vueltas en el sentido de las agujas del reloj. Y tiene que dar vueltas como una paloma loca, para conseguir su comida.
- Me lo imagino. La paloma se muere de hambre.
- No se muere de hambre.
- Ninguna paloma en su sano juicio se pone a dar vueltas en el sentido
de las agujas del reloj.




© Geode.
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20/03/2009
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