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Vecind(i)ario, segunda etapa | Narrativa | el cuaderno
Publica© Lope de Sosa - EL AÑADÍO
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Localización: Hispalis, España
Registro: 21.07.08
Publicado el 26-02-2009 11:45
EL AÑADÍO



Se quedó en el tiento de la memoria algo más que nos contó la chacha Adela sobre la matinal boda madrileña y con un teatino que tenia prisa. Y como las cosas son como son y además hay que recordarlo, me da la cosa de añadir algunas frases del oficiante en su homilía y refiriéndose primero a la novia que se presentó con dos de sus hijos de la mano, toda vestida de blanco y flores artificiales de azahar en la delantera:
--Despues de tres años de vida marítima te presentas aquí con esos azadares!!!
Al principio de la ceremonia y dirigiéndose a los que iban de testigos y curiosos, en vez de separar los sexos a izquierda y derecha o delante y detrás, que era pero que muy mirado, en el hilo de la doctrina de cuando entonces:
--¡¡Pantalones abajo y faldas arriba!!
Seguía la chacha Adela detallando que nadie y más en aquellos años cualquiera no seguía las órdenes del teatino. Cosas de la época.
Por aquel entonces y cierro el lovetale que ya se acaba el plazo, Martos no tenia joyería que se preciase y de alguna manera las esposas de maquileros y olivareros se iban a invertir en alhajas lo que a sus maridos y padres les dejaba la CAT o Comisaría de Abastecimientos y Transportes. Una de ellas se largó hasta Córdoba y en la Judería mercó un collar de los de hacer pis y no echar gota. Presumía de lo barato, del pego que daba, pues decía que era más falso que Judas y que le sobraba casi todo lo que llevó y planeaba con María de la O hacer otro viaje para acabar con lo asignado.
Así las cosas llegó en Carnaval, tan restringido que sólo en el Casino o en La Amistad se bailaba y eso sin disfraz pero que era pretexto para presumir de vestidos y colgantes en todos los sitios. En plena charla con amigas y sus esposos, en un corrillo íntimo, un viajante de paso por el pueblo presumió de saber calibrar al céntimo joyas y demás, que para eso había servido como asistente en la casa de Madrid del general de transmisiones. Fijándose en el collar de la dama en cuestión pontificó:
-- Ese collar sí que es bueno, de perlas auténticas y no como otros que he visto que ni siquiera son de Majórica
La mirada de súplica mezclada con terror que lanzó la buena mujer le obligó a rectificar:
-- Bueno, es un error. Es una simple baratija. Me equivoqué
La chacha Adela terminó diciendo que no sólo el comprador real del collar sino tambien el viajante terminaron mojando en el mismo tintero.



© Lope de Sosa.
es.humanidades.literatura
25/02/2009
Editado por Sap el 26-02-2009 11:46
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